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Capítulo 43:
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Julian respondió con frialdad: «Entonces asegúrate de explicárselo bien a mi padre la próxima vez que pregunte».
Katherine sintió que se estaba volviendo loco. Lo puso a prueba con sarcasmo: «Claro. La próxima vez que vaya de visita, llevaré un cartel gigante que diga que tu función sexual está perfectamente bien».
Julian la miró con la mirada perdida, como si acabara de decir la tontería más grande del mundo.
Así terminó su extraña conversación. Cada uno siguió su camino.
Tras terminar su revisión, Katherine fue a ver a su hermano y completó el pago de sus facturas del hospital.
Ivy, como siempre, se alegró de verla.
«He recibido el dinero. Gracias, Kathy».
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Katherine hizo un gesto con la mano, diciendo: «No es nada. Solo hago lo que debo».
Ivy la miró fijamente un momento. «Últimamente he tenido algo más de tiempo libre, así que he conseguido un trabajo a tiempo parcial. Quería ayudarte a aliviar la carga». Katherine frunció ligeramente el ceño.
«Por ahora, céntrate solo en Austin, ¿vale? Deja que la cuidadora te ayude. En cuanto al dinero, no te preocupes. Yo me encargo».
Ivy dudó y luego añadió: «Tú y Julian no os habéis llevado precisamente bien últimamente. Me temo que la familia Nash podría tergiversar ese incidente y utilizarlo en tu contra. Si las cosas entre vosotros dos se tuercen… que sepas que yo estaré aquí».
Katherine no se tomó esas palabras a pecho.
Conocía lo suficiente a su madre como para darse cuenta de cuándo intentaba indagar más, tratando de obtener información sobre su matrimonio.
Así que no se molestó en endulzar nada. «Mamá, casarme con Julian fue un error. No voy a seguir avanzando por un camino que ya está roto. Puedo cuidar tanto de ti como de Austin. No necesitamos seguir persiguiendo cosas que nunca fueron realmente nuestras».
La expresión apacible de Ivy se ensombreció. Ahora estaba claro. Katherine no hablaba solo por frustración. Hablaba en serio. Apretando con fuerza la mano de su hija, dijo: «Kathy, no creciste en la riqueza. En esta ciudad, todo cuesta más de lo que debería. ¿Cómo esperas sobrevivir sin el apoyo de un hombre?».
Katherine respondió con calma: «Ya se me ocurrirá algo. Puedo valerme por mí misma».
«¿Con qué? ¿Con ese orgullo tuyo?», exclamó Ivy alzando la voz. «¿Tienes idea de quién es Julian? Pasar solo una noche con él es algo con lo que la mayoría de las mujeres solo pueden soñar. ¿Por qué estás desperdiciando una oportunidad tan única?«
Katherine sabía que su madre solía disfrutar de una vida llena de comodidades y lujos. Ahora que todo se había desmoronado, Ivy no podía adaptarse a las dificultades. Katherine lo entendía perfectamente.
Pero el hecho de que su madre lo hubiera perdido todo no significaba que ella tuviera que verse arrastrada a ese lío.
Retiró suavemente la mano y preguntó: «Mamá, ¿has oído hablar de Louisa Wright?».
Por supuesto, Ivy sabía quién era.
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