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Capítulo 337:
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La gravedad de la herida se le escapaba, pero la visión lo aplastó como una avalancha. Vientos feroces aullaban en la oscuridad, y las olas los alejaban cada vez más de la seguridad. Julian no podía permitirse esperar a que llegara el rescate. Sosteniendo a Katherine con un brazo, comenzó a nadar desesperadamente hacia la luz más cercana en la lejanía.
Su rostro se sumergió bajo la superficie, consumido por la oscuridad.
En esa oscuridad, antiguas pesadillas se abalanzaron sobre él.
Se transformó de nuevo en un niño, cayendo al agua. Sus pequeños brazos se agitaban mientras gritaba desesperadamente pidiendo ayuda. Un adulto corrió hacia él, tendiéndole una mano.
Julian, con lágrimas corriendo por sus mejillas, se aferró a la salvación, solo para que la misma mano que prometía el rescate le empujara violentamente bajo el agua. El recuerdo lo estranguló. El oxígeno huyó de sus pulmones. La fuerza abandonó sus extremidades. Comenzó a hundirse.
El corazón de Katherine se contrajo dolorosamente, sacándola de un tirón del precipicio de la inconsciencia. Su agarre flaqueó. Julian se le escapó.
El terror la embistió. Reuniendo sus últimas reservas de fuerza, se zambulló tras él, estirándose para alcanzar su mano. A pesar de sus esfuerzos desesperados, no pudo detener su descenso.
Antes de que la oscuridad se apoderara de ella, vislumbró lo que parecía ser el equipo de rescate.
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Katherine se dejó llevar por un sueño profundo y fragmentado, atormentada por extrañas visiones inconexas.
En la escena final, Julian yacía inmóvil en el fondo del océano, mortalmente pálido. La imagen la despertó de golpe: su cuerpo empapado en sudor frío, las extremidades paralizadas, la respiración atascada en la garganta.
El mundo se balanceaba suavemente a su alrededor.
Una voz masculina desconocida llegó hasta ella. «¿Sientes molestias en alguna parte?».
La conciencia de Katherine volvió poco a poco. Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que yacía dentro de un vehículo.
Un dolor punzante le recorría el cuello. Instintivamente intentó tocárselo, pero su mano permaneció inmóvil. Al bajar la vista, descubrió por qué: Julian yacía a su lado.
Él dormía profundamente, con el rostro tan pálido como en su pesadilla. Una oleada de emoción invadió el pecho de Katherine. «Julian…»
El joven conductor oyó su súplica y se volvió. «Por favor, no se preocupe. Se recuperará; solo ha perdido el conocimiento por falta de oxígeno. Los llevo a ambos al hospital ahora mismo».
Al terminar de hablar, exhaló bruscamente y pisó el acelerador con más fuerza, haciendo que el vehículo se lanzara hacia adelante en la noche. Katherine tenía fuerzas suficientes para sentarse erguida, su estado era menos grave que el de Julian.
Solo entonces descubrió que sus manos seguían entrelazadas: los dedos entrelazados como si estuvieran fusionados por las circunstancias.
Desenredarlos requirió un esfuerzo considerable, con las articulaciones entumecidas por la tensión prolongada. El estado actual de Julian le resultaba totalmente desconocido.
La opresión en el pecho se intensificaba con cada momento que pasaba. «Julian». Le tocó delicadamente la cara. «¿Me oyes?».
Si su estado hubiera sido estable, ya debería haber mostrado alguna respuesta —como mínimo, un ligero movimiento de un dedo—. Sin embargo, no hubo reacción alguna. Su aspecto sugería una ausencia total de vitalidad.
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