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Capítulo 334:
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Katherine no había llorado. Ni una sola vez. Ni ante las amenazas, ni ante la tortura, ni ante la espera interminable. Pero ahora, con Julian mirándola como si el mundo hubiera dejado de girar, algo dentro de ella finalmente cedió. Las lágrimas brotaron rápidas, calientes y copiosas.
Él extendió la mano con una ternura que desmentía la violencia que había desatado minutos antes. Su voz se quebró al murmurar: « «Se acabó. Te vienes a casa».
El dolor en su pecho era tan profundo que sentía como si el corazón fuera a romperse. Sus sollozos eran silenciosos, pero la sacudían hasta lo más profundo. El entumecimiento se había apoderado de sus extremidades por haber estado atada tanto tiempo. Cuando él la levantó en sus brazos, sus manos apenas lograron aferrarse a su cuello.
No duró mucho. Ella se obligó a contener las lágrimas, parpadeando rápidamente, y preguntó entre sollozos: «¿De verdad les diste el dinero?»
Sin hacer pausa, Julian respondió: «Les entregué diez millones».
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Sus ojos se abrieron como platos ante esa cifra. Esa cantidad de dinero ni siquiera existía en su mundo. «¡Yo nunca les pedí nada prestado! Ha sido un desperdicio. ¡Tienes que recuperarlo!».
Julian se detuvo en seco. «Entonces, ¿quién lo hizo?».
Esa única pregunta atravesó la niebla de sus emociones. Sus lágrimas no cesaron, pero su mente comenzó a atar cabos. Seguían en territorio enemigo, pero no podían desperdiciar ese momento. Necesitaban respuestas.
Julian la dejó sentada con suavidad en el sofá. La idea de que ella tocara cualquier cosa que hubieran usado esos criminales le revolvió el estómago. Se quitó el abrigo de nuevo, lo extendió sobre los cojines y la colocó con cuidado encima.
Luego centró su atención en el ordenador que había sobre un escritorio cercano: el del hombre calvo.
No tardó mucho en descubrir lo que buscaban. Un archivo con un registro de préstamo por valor de cincuenta millones estaba abierto y a la vista.
—Cincuenta millones prestados, y quieren doscientos a cambio —murmuró Julian, con el desprecio resonando en su voz. Hizo clic en un archivo de vídeo vinculado al documento.
La pantalla cobró vida, mostrando imágenes de la firma del acuerdo.
El rostro de Julian se ensombreció casi al instante. La persona del vídeo no solo le resultaba familiar. Era alguien a quien conocía demasiado bien.
Katherine percibió el ligero cambio en la expresión de Julian y sintió un nudo en el pecho.
—¿Has visto quién era?
Julian enderezó la postura, poniéndose erguido. El vídeo dejó de reproducirse y sus ojos se posaron en Katherine. —¿Habías sospechado de alguien antes de esto?
Katherine no lograba descifrar la mirada en sus ojos. —¿Puedo ser sincera contigo? —preguntó.
—Di lo que tengas que decir.
«Al principio sospeché de Louisa, y luego de tu hermana».
Ambas eran sospechosas plausibles, pero Julian insistió. «¿Se te ha ocurrido alguien más?».
Katherine sabía que había alguien más, pero se lo guardó para sí misma. Se mordió el labio, se levantó y se dirigió hacia el ordenador. Lo descubriría por sí misma.
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