✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 329:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Apretó el pendiente con tanta fuerza que la delgada varilla de metal se le clavó en la palma de la mano, haciéndole sangrar, pero no se inmutó. «Enséñame las grabaciones de seguridad. Ahora», dijo, con un tono gélido e inflexible.
La gerente palideció al oír su voz y se apresuró a obedecer. Para su consternación, descubrió que el sistema de vigilancia había sido comprometido: todos los archivos estaban dañados, ni un solo fotograma había quedado intacto.
Julian no perdió tiempo y ordenó a su equipo que investigara a todo el mundo relacionado con Katherine, sin excepciones. Amigos. Clientes. Enemigos. Especialmente aquellos con los que ella había estado compitiendo.
Oficialmente, ni siquiera había pasado un día completo. No era tiempo suficiente para un caso policial en toda regla. Pero Julian no esperó a que se cumpliera el protocolo. De pie frente al restaurante, escudriñó cada rincón como un halcón, trazando mentalmente todas las posibles rutas de huida que sus secuestradores pudieran haber utilizado.
𝘊𝗼𝘮𝗉𝖺𝗿t𝖾 t𝗎 о𝗽i𝗻𝗂ón 𝖾n n𝗈𝘃e𝘭𝘢s𝟰𝗳aո.c𝘰𝗆
Entonces sonó su teléfono. El sonido agudo atravesó el silencio como un grito. Miró la pantalla. Número desconocido.
Su agarre del teléfono se volvió rígido, aunque su rostro permaneció sereno mientras su pulso latía con fuerza bajo la superficie. La tensión se enroscaba en cada centímetro de su cuerpo, un pavor nauseabundo que se abría paso a zarpazos, ya no enterrado, ya no ignorado.
Deslizó el pulgar por la pantalla y contestó la llamada.
Una voz, cargada de sarcasmo, se deslizó por el altavoz. «Sr. Nash. ¿Ya siente la presión?».
La exhaustiva búsqueda de Julian no había pasado desapercibida. Sus hombres habían estado por todas partes, incluso patrullando el río en barcas. A Britton todo aquello le resultaba divertido y emocionante.
Julian y Katherine podrían haber firmado los papeles, pero era obvio que su corazón nunca la había dejado marchar. Si Katherine no podía saldar la deuda, tal vez Julian sí.
Sentado en su escritorio, Julian miraba la pantalla con una concentración aguda como una navaja, fijándose en un único punto. Su voz sonó como una hoja de hielo. «Ahórrame los juegos. Habla».
Britton no hizo ningún esfuerzo por disimular su voz ni ocultar quién era. «Tu exmujer pidió un préstamo. No pudo devolverlo. Así que tuve que traerla para una conversación privada. Solo nosotros dos, para aclarar las cosas».
El tono de Julian no vaciló. «¿Cuánto?».
«Empezó en 150 millones. Pero tras una semana de silencio, ahora son 200 millones».
La boca de Julian se curvó en una sonrisa escalofriante. «¿Doscientos millones? ¿Ese es el precio ahora para arrebatarme a alguien?».
La confianza de Britton se resquebrajó por una fracción de segundo. Doscientos millones… ¿no era eso más que calderilla para él? Apartó la inquietud a un lado; la codicia ya nublaba su instinto. En su mente, el dinero estaba prácticamente asegurado.
«No alarguemos esto.
Te enviaré la dirección. Trae el dinero, llévate a la mujer. Y, señor Nash, no me obligues a decirlo: deja a la policía al margen de esto.»
Antes de que Britton pudiera colgar, un estruendo repentino resonó de fondo.
«¡Mierda!», espetó Britton, con un tono de repente salvaje. «¿Cuándo demonios se ha soltado? ¿A qué esperas? ¡Atrápala!
.
.
.