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Capítulo 253:
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Sus ojos se fijaron en la sangre de su rostro. —Deberías que te lo curaran en el hospital —dijo con voz tranquila.
Él entendió lo que eso implicaba: ir a ver a su padre.
La observó un momento, con voz teñida de ironía. —¿No has oído lo que he dicho antes?
—He oído cada palabra —respondió ella, con tono tranquilo.
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Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios. «¿No te apetece abofetearme?».
«He oído cosas peores. Si tuviera intención de pegarte, lo habría hecho hace mucho tiempo». Desvió la mirada. «Es mejor así. Al menos ahora él lo sabe. Al menos se acabó el fingir». Y con ello, los últimos destellos de esperanza.
Una vez que el estado de Laurence se estabilizó por fin, pidió un momento a solas con Katherine.
Su tono denotaba una tranquila compasión cuando dijo: «Para que hayas llegado tan lejos, hasta el punto de pensar en poner fin al matrimonio, sé que debes de haber pasado por un infierno. Si realmente has tomado una decisión, entonces vete con la cabeza bien alta. Julian fue quien te falló».
Katherine tenía los ojos enrojecidos, pero negó suavemente con la cabeza. «Nunca fue su obligación. Yo era la que esperaba demasiado. Él tenía todo el derecho a marcharse. No puedo culparlo por eso».
Un destello de tristeza cruzó el rostro de Laurence. Su dolor se le clavó en el pecho como una piedra. «Aunque algún día te divorcies de él, para mí siempre serás de la familia. Si alguna vez te metes en problemas, acude a mí. Sin dudarlo».
Ella intentó sonreír, aunque la sonrisa apenas le llegó a los ojos. «Gracias. Lo haré».
Se estaban preparando para volver a casa cuando el médico regresó para hacerle unas cuantas pruebas más a Laurence. Katherine salió al pasillo para dejarles espacio.
Poco después, Camille apareció con una expresión cargada de desaprobación.
«Katherine, odio tener que decir esto, pero ¿era este el momento de sacar el tema del divorcio con Laurence? ¿Y si eso desencadenaba algo peor? ¿Podrías vivir con eso?».
Katherine respondió sin pestañear. «Su salud siempre ha sido frágil. Dime tú: ¿cuándo habría sido exactamente el momento adecuado?».
A Camille no le preocupaba realmente el momento. Solo quería una excusa para arremeter contra ella.
Lo que más la inquietaba era que Katherine hubiera sacado a relucir el tema del divorcio por iniciativa propia.
A la edad de Julian, con todo lo que ya había logrado, su futuro era deslumbrantemente brillante. Dale unos años más y sería imparable. Katherine venía de un hogar roto y no tenía más que su determinación. Si ella se marchaba y Louisa ocupaba su lugar, todo el equilibrio dentro de la familia Nash se derrumbaría. Y cuando eso ocurriera, Camille y Eloise no tendrían dónde apoyarse.
—¡Eres absolutamente irremediable! —espetó Camille, sin disimulo alguno—. Nunca he visto a una mujer más tonta: desperdiciando así a un hombre. Te arrepentirás, recuerda mis palabras.
Una voz fría cortó el aire antes de que Katherine pudiera responder. Julian se había acercado, con expresión severa. —¿Qué está pasando aquí?
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