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Capítulo 228:
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Julian la miró con expresión inexpresiva. «¿Ah, sí?». ¿De verdad creía que se lo iba a tragar?
Su mirada la hizo retorcerse hasta que se rió, incómoda. «Vale, está bien. Quizás unas cuantas. Pero solo las bonitas. No te preocupes».
Sin decir nada, Julian le envió algo de dinero.
«Elige las en las que parezcamos especialmente felices. Imprímelas y haz que las entreguen lo antes posible».
Andrea no tenía ni idea de lo que estaba planeando, pero después de pensarlo bien, supuso que no podía hacer daño. Con entusiasmo, se puso a hacerlo.
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Mientras se preparaban las fotos, Julian se dirigió a la habitación de Katherine.
Ella había comprado algunas cosas para Blaine hacía poco, pero aún no había tenido tiempo de enviárselas. Pensó que las empaquetaría y se encargaría él mismo.
El espacio de Katherine siempre estaba ordenado; ella lo prefería así. La habitación estaba limpia, con muy pocos objetos personales por ahí. El agua de su purificador de aire desprendía el aroma de su perfume personalizado, uno que Julian reconocería con los ojos cerrados.
El nudo de tensión que tenía en el cuerpo por fin empezó a aflojarse.
Una luz cálida brillaba suavemente desde la lámpara de su escritorio, proyectando una bruma onírica sobre sus libros. Julian casi podía verla allí: con la cabeza gacha, completamente concentrada, tal y como siempre trabajaba.
Acerró su silla y se sentó, dejando que su mano se deslizara hacia la estantería que tenía delante hasta posarse en un álbum.
Dudó. Luego lo abrió.
Esperaba encontrar bocetos de diseño, pero en su lugar solo había un único dibujo a lápiz.
El dibujo mostraba a un hombre y una mujer, ambos sonriendo.
Aunque había distancia entre ellos, la cercanía que compartían era imposible de pasar por alto. La mujer era Katherine. Su rostro aún joven, teñido de inocencia, su sonrisa brillante y llena de vida. El hombre a su lado era él. Incluso sin los detalles más precisos, Julian sabía que era él.
Solo había una cosa extraña: se había añadido un pequeño lunar debajo del ojo del hombre. ¿Un desliz del lápiz?
Julian sintió una punzada de inquietud, pero la dejó pasar y pasó la página. En el reverso, había una sola línea escrita: «Un día soleado y brillante, solo mi amor y yo».
Estaba fechado hacía cuatro años.
De repente, algo pesado se posó en el pecho de Julian. Una parte de él se movió, como un cerrojo que encaja silenciosamente en su sitio.
Pero hacía cuatro años… ni siquiera había conocido a Katherine. Entonces, ¿qué demonios era esto?
Julian siempre había albergado una silenciosa sospecha en lo que respecta al amor de Katherine por él.
Había algo en la forma en que ella se preocupaba por él: era demasiado aguda, demasiado deliberada. Su devoción no parecía codiciosa ni ostentosa. Simplemente parecía planeada.
Aun así, estaba seguro de una cosa: antes de que comenzara su matrimonio, no había nada que los uniera.
Entonces, ¿por qué le parecía que algo de hacía tres años se le estaba escapando de la memoria?
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