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Capítulo 365:
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Extendió la mano, pero las cajas volvieron a caer en los brazos de Daniela.
Cedric, con aspecto desanimado, confesó: «Las compré solo para ti. Si no las quieres, mejor las tiro».
Los ojos de Katrina brillaron de inmediato, y su mirada atravesó a Daniela con una pregunta silenciosa.
«¿Dónde las vas a tirar? ¡Las recuperaré!».
Daniela exhaló profundamente e invitó a Cedric a entrar.
—Pasa. —Se dio la vuelta y entró en la habitación con Cedric justo detrás, cerrando la puerta para bloquear la vista de todos los espectadores codiciosos. Una vez dentro, Daniela se volvió hacia Cedric con el ceño fruncido, respiró hondo y preguntó: —¿Qué estás tratando de hacer exactamente?
En un tono moderado, Cedric respondió: —Solo quiero hacerte feliz.
Daniela levantó la mano, con expresión escéptica.
—¿Con estos?
Cedric se sintió perdido.
Había considerado muchas opciones, pero la riqueza de Daniela dificultaba la decisión de qué regalarle.
Estos eran los mejores regalos que se le habían ocurrido. Nunca había cortejado a una mujer y carecía por completo de experiencia en tales asuntos.
El dinero era todo lo que tenía para ofrecer.
Seleccionó y presentó solo los artículos que la sociedad valoraba mucho.
Sin embargo, Daniela no parecía impresionada.
Con aspecto abatido, Cedric recuperó las cajas de regalo de las manos de Daniela.
De repente, se le ocurrió una idea inesperada.
Contempló la posibilidad de darle a Caiden trescientos millones de dólares, para que Caiden le dijera cómo hacer feliz a Daniela.
En medio del floreciente proyecto de IA, Daniela estaba sepultada bajo una avalancha de trabajo.
Sin que ella lo supiera, Caiden se topó con sus profundos compromisos financieros mientras sintonizaba las noticias de la noche.
Cuando el presentador transmitió las asombrosas cifras invertidas, una semilla de resentimiento brotó en el corazón de Caiden contra Daniela.
Esa noche, mucho después de la hora bruja, Caiden se sentó en la sala de estar, esperando el regreso de Daniela. En el momento en que ella atravesó la puerta, su saludo atravesó el silencio.
«¿Noche ajetreada?».
Daniela hizo una pausa, notando su presencia, algo poco habitual. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—Qué extraña sorpresa. Caiden detectó el tono de sarcasmo y apretó los puños, solo para relajarlos con esfuerzo y esbozar una sonrisa.
—¿Extraña? Estás diciendo tonterías. Es tarde. ¿Qué tal si preparo algo de comer?
Masajeándose las sienes, Daniela percibió un motivo oculto.
«Ve al grano».
La cara de Caiden pareció recibir una bofetada por su franqueza.
Aunque su intención era ser amable, su fría respuesta le dolió. Reflexionó sobre la amargura de criar a una hija tan desagradecida.
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