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Capítulo 157:
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El rostro de Wyatt se iluminó, un destello de esperanza parpadeó en sus ojos.
Daniela se había quedado en el trabajo hasta tarde esa noche. En el momento en que salió del ascensor, notó dos caras conocidas esperando cerca de la entrada.
El aparcamiento subterráneo estaba casi vacío, el silencio solo se veía roto por el suave eco de sus tacones.
«¿Necesitáis algo?», preguntó, entrando instintivamente de nuevo en el ascensor.
Antes de que pudiera cerrar las puertas, la mano de Ronald salió disparada, manteniéndolas abiertas.
«¿A qué viene esa vacilación, Daniela? Solo somos nosotros, la familia. Pasamos por tu oficina antes, pero estabas ocupada. Pensamos en venir aquí, ya que está de camino a la salida —dijo Ronald con una sonrisa demasiado alegre, evitando que las puertas se cerraran.
Wyatt intervino, asintiendo con entusiasmo.
—¿Un día largo, Daniela? Debes de estar agotada. Metiendo la mano en el bolsillo, sacó unos aperitivos que se había guardado de la sala de espera.
—Toma, come algo.
Daniela esbozó una leve sonrisa, calculando ya sus limitadas opciones. A esas horas, la ayuda no estaba precisamente a la espera. Con firme compostura, salió del ascensor y preguntó: «De acuerdo, ¿qué quieres?».
Ronald la siguió mientras Daniela caminaba hacia su coche. En el momento en que sus ojos se posaron en su vehículo de lujo de edición limitada, los dos hermanos intercambiaron miradas de incredulidad.
¿Un coche que vale millones y ella lo trataba como si fuera un coche cualquiera? La extravagancia los dejó atónitos.
Al ver la opulencia, las esperanzas de Ronald de conseguir un trabajo se hicieron aún más fuertes.
Sonriendo con picardía, dijo: «Muy bien, Daniela, vayamos al grano.
Le conseguiste un trabajo a Joyce, ¿no? Bueno, nosotros también somos familia. ¿No es justo que nos ayudes también a nosotros?».
Daniela ni siquiera se detuvo ante sus palabras. Ya estaba de pie junto a su coche. Se quedó en silencio por un momento.
Wyatt añadió con entusiasmo: «¡Exacto, somos familia! No puedes favorecer solo a Joyce. No olvides cuando…».
Buscó a tientas, tratando de recordar algún favor pasado que le hubieran hecho a Daniela, pero su mente no encontró nada. El incómodo silencio solo empeoró su vergüenza.
Ronald miró a Wyatt con exasperación y lo empujó a un lado. Dirigiéndose a Daniela, dijo: «Escucha, Daniela, cuando eras pequeña, nosotros éramos los que cuidábamos de ti. No dejes que el dinero te haga olvidar a tu familia. Un día, cuando estés en problemas, seremos nosotros a quienes necesitarás, ¿verdad?».
Los ojos de Daniela se bajaron por un momento.
¿Familia? ¿En serio?
Recordó cuando su madre se había tirado desde aquel edificio. El médico había pedido ayuda con la camilla, pero ellos dos no movieron un dedo.
Al final, fue un extraño quien intervino para ayudar.
Los años no habían embotado el recuerdo de sus expresiones frías y desdeñosas. Estaban grabadas en su mente.
Ese fue el momento en el que se sintió completamente impotente, rodeada de su supuesta familia. Ronald había susurrado cruelmente: «¿Por qué iba a suicidarse? ¿Engañó a su marido?».
Wyatt había burlado.
«¿Quién sabe? Siempre haciendo alarde de su ropa elegante y actuando como si fuera importante. ¿Quién sabe con cuántos hombres ha estado?».
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