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Capítulo 1406:
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«¡Significa que Daniela sigue en la cima!».
Los comentarios se extendieron por la sala, cada uno más agudo que el anterior. Hamilton no podía ignorar sus voces, cada palabra solo aumentaba la tensión.
El secretario se inclinó hacia él y le dijo en voz baja y urgente: «Sr. McCoy, ignórelos. Ninguno de ellos va a poner trescientos millones de su bolsillo. Estos gemelos no valen tanto. Nunca ha perdido una subasta».
Una sombra cruzó el rostro de Hamilton. Durante años había sido intocable, nadie le había hecho perder nunca. Pero todo cambió en el momento en que Daniela entró en escena. Nunca se había enfrentado a una oposición tan intrépida en una subasta, hasta esa noche.
«¡Trescientos diez millones!». La voz de Hamilton atravesó el ruido, con la paleta levantada.
Antes de que el secretario pudiera siquiera suspirar, otra voz nítida e inquebrantable cortó el aire.
—Trescientos cincuenta millones.
Un silencio sepulcral se apoderó de la sala, prolongándose hasta convertirse en una tensa quietud. Todos los ojos se clavaron en Daniela, incluidos los de Hamilton.
Su expresión, normalmente serena, se fracturó en incredulidad cuando se volvió hacia ella y le espetó: —¿Has perdido la cabeza? ¿Subir cincuenta millones cada vez? ¿Acaso tu empresa imprime dinero?
Daniela soltó una risita, con tono despreocupado. —Vamos, señor McCoy, debe estar bromeando. Solo son unos gemelos, un sencillo regalo para mi marido. ¿De verdad cree que necesito imprimir dinero para algo tan trivial?
La expresión de Hamilton se agrió y apretó la mandíbula. —Tan joven y tan imprudente.
Fingiendo sorpresa, Daniela ladeó la cabeza. «¿Imprudente? ¿Por una cantidad como esta? ¿No está exagerando? Espere, ¿está pensando en retirarse? Eso haría que esto fuera mucho menos interesante. ¿Por qué no sube la apuesta?». Hamilton apretó con fuerza la paleta hasta que se le pusieron blancos los nudillos. A su lado, su secretaria se inclinó y le susurró con urgencia: «Señor, no arriesguemos las finanzas de la empresa por una rivalidad.
Con trescientos cincuenta millones se podría comprar una caja fuerte llena de gemelos. No hay necesidad de ir más allá».
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Esbozando una sonrisa forzada, Hamilton se tragó su orgullo. «Daniela, ya que te gustan tanto, te los dejaré».
Una oleada de conmoción recorrió la multitud.
«¿Hamilton se rinde?».
«Tendrá que tragarse su orgullo después de esto».
«Toda esa fanfarronería de tener todos los gemelos del mundo… ¡Y míralo ahora! ¿No es humillante?».
«Las tornas están cambiando en Discoll. No me extrañaría que la empresa de Daniela sustituyera al Grupo McCoy en lo más alto en poco tiempo».
En cuanto se escucharon esos comentarios, Hamilton apretó tanto la mandíbula que se le marcó una vena en la sien. Lanzó una mirada de pura furia a Daniela y salió de la sala a zancadas.
Incluso Nikolas se quedó mirando con incredulidad y murmuró: «Nunca había visto a mi padre tan alterado. Daniela, eres increíble».
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