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Capítulo 1405:
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Hamilton, sin embargo, no se inmutó. Mientras la subastadora lo miraba con expectación, levantó con indiferencia su paleta.
La subastadora sonrió, y su voz se animó. «Gracias, señor McCoy. La puja es ahora de doscientos diez millones. ¡El señor McCoy lidera con doscientos diez!».
Se volvió hacia Daniela con expectación. «Señora Harper, ¿desea subir su puja?».
Sin perder el ritmo, Daniela levantó su paleta, con un tono relajado y sin prisas. «Doscientos cincuenta millones».
En cuanto su voz se apagó, se hizo el silencio en la sala. Todas las miradas se posaron en Daniela, atónitas por la sorpresa. Incluso la subastadora titubeó, perdiendo la compostura durante una fracción de segundo. Luchando por mantener la compostura, esbozó una sonrisa y confirmó: «Señora Harper, ¿he oído bien? ¿Doscientos cincuenta millones?».
Daniela asintió con brevedad y decisión.
Los ojos de la subastadora se llenaron de incredulidad. En todos sus años de carrera, nunca había visto una puja tan alta. Emocionada y un poco sin aliento, se volvió hacia Hamilton y le preguntó: «Señor McCoy, la puja actual es de doscientos cincuenta millones. ¿Desea continuar?».
El secretario de Hamilton miró a Daniela como si hubiera perdido la cabeza. Se inclinó hacia Hamilton y le susurró: «Señor, esos gemelos no valen ni de lejos eso. Quizá sea hora de dejarlos ir».
Mientras tanto, la subastadora siguió adelante con un entusiasmo implacable, su voz resonando en la sala mientras todos los ojos se fijaban en Hamilton. La subasta hacía tiempo que había dejado de ser por unos gemelos; ahora era un choque total de egos y fortunas entre Daniela y Hamilton.
Hamilton se enderezó y miró a Daniela con una mirada desafiante. «Doscientos sesenta millones».
Antes de que la subastadora pudiera volver a dirigirse a Daniela, esta declaró: «Trescientos millones».
Un silencio atónito se extendió por la sala.
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Esta vez, la subastadora no se atrevió a mirar a Daniela. En cambio, se volvió, desconcertada, hacia el auditor financiero en busca de confirmación.
La cifra era asombrosa: trescientos millones, y ni una pizca de vacilación. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Era Daniela realmente tan rica, o se trataba de un elaborado farol?
El auditor financiero mantuvo una expresión serena y asintió en silencio a la subastadora. Todos los ojos de la sala siguieron el sutil intercambio.
El silencio atónito se rompió en un instante cuando la multitud estalló de emoción.
«¡Dios mío, Daniela está forrada!».
«No solo es rica, ¡está nadando en dinero!».
«Eso no es solo riqueza, ¡acaba de soltar trescientos millones en efectivo!».
«A ver si Hamilton tiene las agallas para seguir pujando. ¡Este es el tipo de drama por el que vivo!
«Si Hamilton se retira ahora, estará admitiendo su derrota ante Daniela. Imagínate: el hombre más rico del mundo perdiendo ante la antigua campeona. ¿Qué significaría eso?».
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