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Capítulo 1177:
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Esa era precisamente la confirmación que había estado esperando. Demostraba lo que había sospechado todo el tiempo: Daniela haría lo que fuera por Cedric.
Daniela tenía un imperio de influencia, un instinto empresarial muy agudo y una fortuna tan grande que podía rivalizar con la de naciones enteras. Una mujer así era la sucesora ideal.
Mientras Cedric siguiera en el corazón de Daniela, la posibilidad de que ella se uniera a la familia McCoy seguía sobre la mesa.
Desde el principio, Hamilton había puesto sus ojos en Daniela.
Daniela no era tonta.
Había dejado las cosas muy claras: Cedric era libre de tomar sus propias decisiones, siempre y cuando no se pusiera en peligro.
Eso solo le valió el respeto silencioso de Hamilton.
Con una sonrisa, Hamilton terminó la llamada, con su incompetente hijo allí de pie, como si se hubiera desvanecido en el aire.
Nikolas se quedó boquiabierto mirando el teléfono apagado, con la mente dando vueltas, completamente perdido.
—¿Acabas de colgarle a mi padre? —Nikolas miró a Daniela, completamente atónito—. La última persona que se atrevió a hacer eso ya está muerta.
Daniela le lanzó una mirada cómplice. —Le tienes pánico a tu padre, ¿verdad?
Nikolas asintió. —Obviamente. Es el hombre más rico del planeta.
Los labios de Daniela esbozaron una sonrisa burlona. —¿Y qué? Yo también tuve ese título. ¿Te doy miedo?
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Nikolas instintivamente quiso decir: «¡Eres más aterrador que mi padre!». Pero se tragó las palabras, sin querer tentar al destino.
Por fin, habló, con voz más baja que antes. —¿Entonces no te meterás en las decisiones de Cedric? ¿Mientras no le hagan daño, apoyarás cualquier decisión que tome?
Daniela asintió con la cabeza. —Por supuesto.
Nikolas soltó una risa seca. —Me imaginaba que jugarías la carta del «por su propio bien» para mantenerlo al margen.
Daniela negó con la cabeza. —Eso nunca fue mi plan. Si quiere luchar, lo apoyaré. Si no, es su decisión.
Por primera vez desde que la conoció, Nikolas miró a Daniela con sinceridad.
Había visto a muchas mujeres de alta cuna, pero Daniela las eclipsaba a todas. Sin embargo, no era solo su belleza, había algo más, un atractivo enigmático, imposible de ignorar.
En ese instante, sintió una punzada desconocida: envidia hacia Cedric.
Porque Cedric tenía a Daniela, alguien que estaba a su lado, sin ataduras, sin condiciones.
Bañada por los cálidos tonos del sol poniente, Daniela se volvió hacia Nikolas con voz firme. «Para mí, él es Cedric. Ningún título ni ningún nombre cambiarán eso jamás».
Una extraña sensación de calor se apoderó del pecho de Nikolas. Antes de que pudiera detenerse, una pregunta se le escapó de los labios.
Nikolas se quedó paralizado, momentáneamente desconcertado por lo que acababa de decir.
—¿Crees que es demasiado tarde para romperme la pierna ahora?
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