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Capítulo 586:
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Renee bebió un sorbo de vino con calma, completamente relajada.
«Señorita Fuller, esto no es una cuestión de opciones. Para ser sincera, no tiene ninguna». Una lenta y maliciosa sonrisa se dibujó en sus labios, y su mirada transmitía un peso innegable.
Deanna apretó los puños con fuerza, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Sabía que estaba atrapada. La mujer que tenía delante era despiadada y, si no cedía, su carrera podría acabar.
Tras una larga y amarga pausa, cogió el bolígrafo. Cada trazo de su firma era un grito silencioso de frustración.
—¡Toma! —Empujó el contrato hacia Renee con fuerza.
«Los que se adaptan sobreviven. Y usted, señorita Fuller, es claramente una mujer inteligente». Renee guardó el contrato con aire de satisfacción. «Ahora, veamos qué es lo que puede hacer». Se puso de pie, se alisó la ropa y se dio la vuelta para marcharse.
«¡Espere!», gritó Deanna. «¿Qué pasa con las pruebas? ¿Cuándo las borrará?».
Renee se detuvo a medio camino y miró hacia atrás con un brillo astuto en los ojos.
«Nunca dije que las borraría», dijo con suavidad. «Solo las usaré en su contra esta vez. Después de eso, no tendrá nada de qué preocuparse».
Deanna entrecerró los ojos.
—¿Por qué debería creerte?
Renee se encogió de hombros, sin inmutarse en absoluto.
—Eso depende de ti. Pero si no lo haces, bueno… realmente no hay nada que yo pueda hacer al respecto.
Con eso, Renee salió de la habitación sin siquiera mirar atrás.
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A sus espaldas, se oyó la furiosa voz de Deanna.
—¡Renee! ¡Eres una matona! ¡Espera a que encuentre algo contra ti, te arruinaré!
Pero Renee ni siquiera se inmutó. Siguió caminando, como si las amenazas de Deanna no fueran más que ruido de fondo.
Deanna se desplomó en su silla, furiosa. Su mente era un torbellino de rabia y frustración, como una bomba a punto de detonar.
«¡Renee! ¡Eres increíble! ¿Cómo has averiguado todo eso sobre Deanna? ¡Y además eres muy buena luchando! ¡Renee, eres mi ídolo!». Ryland saltaba detrás de ella, prácticamente radiante mientras la colmaba de elogios.
Renee sonrió, con un toque de orgullo en su voz.
«¿Cuándo no he sido tu ídolo?».
«¡Siempre lo has sido! ¡Desde el principio!», exclamó Ryland, con una expresión más orgullosa que si se estuviera felicitando a sí mismo.
Al verlo tan feliz, Renee sintió que una calidez se extendía por su interior. Sabía que Ryland había soportado mucho, tanto física como mentalmente. Pero nunca lo demostraba cuando estaba con ella, porque no quería preocuparla. Prefería cargar con el peso solo, en silencio.
Renee sabía que había alguien más que podía ofrecer consuelo a Ryland: Claude. Ryland había descrito una vez a Claude como la luz de su vida.
Pero más tarde, cuando Claude hizo algo que la hirió, Ryland había arrancado personalmente esa luz de su vida sin dudarlo.
Renee comprendía el dolor que eso le había causado, pero había estado tan absorta en sus propios problemas que últimamente no se había preocupado por el estado emocional de Ryland.
—Ryland… —lo llamó, su expresión suavizándose.
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