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Capítulo 428:
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«William… ya es suficiente… He dicho… basta…», jadeó Renee, luchando por recuperar el aliento.
Pero William no estaba dispuesto a dejarla ir.
No fue hasta que su lengua se entumeció cuando finalmente se apartó. Sus ojos se posaron en los labios hinchados y enrojecidos de ella, llenos de un deseo inconfundible.
Renee jadeó suavemente, aliviada de no haber perdido completamente el control.
Entonces, la voz de William rompió el silencio: grave, ronca y completamente seria.
«Te deseo».
Renee se quedó paralizada.
Levantó la vista hacia él y sus ojos, esos ojos, eran salvajes, como los de una bestia hambrienta.
Un escalofrío le recorrió la espalda. Esa mirada suya casi la hizo perder el control, decir que sí sin pensarlo dos veces.
¡Pero estaban en un coche en movimiento! ¡Y había un conductor delante, conduciendo!
Esto era demasiado, ¡demasiado! ¡Por supuesto que no!
—Gunter, pon música —ordenó William de repente.
Renee se sonrojó al instante. El conductor, que se dio cuenta rápidamente, subió el volumen al máximo.
William inclinó la barbilla hacia ella, una orden silenciosa para que continuara.
Renee se quedó sin palabras. Buscó una excusa a toda prisa.
—No tenemos protección.
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Para su sorpresa, William sacó una caja de condones de quién sabe dónde y le sonrió con aire de suficiencia mientras se la mostraba.
—¿De dónde ha salido eso? Renee espetó, con tono brusco. Entonces se le ocurrió una idea y su expresión se ensombreció.
«William, ¿siempre los llevas en el coche?».
«¿Con quién más has estado aquí?».
William parecía completamente inocente mientras le mostraba la caja.
«Mira la fecha de fabricación, es del mes pasado».
Renee resopló incrédula.
«Humph…».
William se inclinó hacia ella con voz suave y persuasiva.
—Los compré después de que volvieras, no quería que me pillaras desprevenido si alguna vez querías… probar en el coche.
—¿Yo? ¿Querer probar en el coche? ¿Estás loco? —resopló Renee.
La sonrisa de William no se alteró.
—No, pero te deseo —dijo con tono ligero. «Mira, Nene».
Siguiendo su mirada, Renee bajó la vista hacia su abultada entrepierna, sintiendo una energía salvaje, como una bestia a punto de liberarse.
La voz de William era áspera, casi suplicante.
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