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Capítulo 339:
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El silencio era la mejor respuesta.
Pero Marvin era persistente y volvió a llamar una y otra vez, tres veces seguidas.
Sin otra opción, Renee finalmente respondió a la llamada.
La voz de Marvin se escuchó teñida de desesperación.
«Renee… Por favor… Tienes que ayudar a mi tío. Sé que es difícil, pero…».
Antes de que pudiera terminar de hablar, Renee le interrumpió: «Marvin, si realmente entendieras lo difícil que es esto para mí, ni siquiera me pedirías ayuda».
Marvin no respondió de inmediato, y el silencio en la línea se prolongó de forma incómoda. Renee se mantuvo firme.
««No voy a ayudar a Shaun», afirmó Renee con claridad. Su tono no dejaba lugar a discusiones. «Te voy a dar un consejo: céntrate en tu propia supervivencia. No puedes salvarlo, Marvin, así que será mejor que empieces a pensar en cómo protegerte».
Sus palabras fueron directas, casi cortantes. Al otro lado de la línea, Marvin seguía sin responder, aunque Renee podía sentir el peso de su vacilación. Después de lo que pareció una eternidad, Marvin finalmente habló, pronunciando una sola palabra: «De acuerdo».
Y así, la llamada terminó abruptamente.
Cuando Renee se acercó a las puertas del hospital, su camino se vio obstaculizado por una multitud considerable que se había reunido para protestar.
Las pancartas y carteles que levantaban, junto con la indignación grabada en sus rostros, dejaban claro que se manifestaban contra alguna injusticia percibida.
Renee se acercó con su coche y su mirada se posó en los carteles. Entrecerró los ojos. La imagen que aparecía en ellos le resultaba familiar… La joven que aparecía en los carteles, ¿no era la misma que se había chocado con ella antes? Todo encajó en un instante. Resultó que la joven era una figura pública, una celebridad.
En ese momento, Renee pareció comprenderlo todo.
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No era de extrañar que algo le hubiera parecido extraño en el comportamiento de la joven. Aquel choque «accidental» había sido claramente planeado.
Renee se detuvo junto al bordillo y cogió su teléfono, que se iluminaba con una avalancha de notificaciones.
El primer mensaje era de Ryland. «¡Renee, tienes un problema! ¡La gente te está atacando en Internet, diciendo que hiciste llorar a Etta Cruz! Ridículo, ¿verdad? Como si tú fueras capaz de hacer llorar a alguien así. Sinceramente, si fueras tú, ¡ella diría que le habías dado una bofetada!».
Renee no pudo evitar soltar una breve risa ante la habitual franqueza de Ryland, aunque su diversión fue efímera. El siguiente mensaje la pilló desprevenida. Ryder también se había puesto en contacto con ella, aunque sus palabras eran mucho más mesuradas. «Si necesitas algo, solo tienes que decirlo. Te ayudaré».
A Renee se le encogió ligeramente el pecho al leer su mensaje. Ryder era alguien a quien le debía una deuda que quizá nunca pudiera pagar. Aún recordaba vívidamente cómo había sido su ancla durante los momentos más oscuros de su vida. Y, sin embargo, no podía evitar pensar que la distancia entre ellos era cada vez mayor, por mucho que apreciara su apoyo en el pasado.
O tal vez, pensó Renee, Ryder ni siquiera aceptaría sus intentos de expresarle su gratitud.
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