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Capítulo 337:
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Mientras la joven se disculpaba frenéticamente, el rostro de Renee se endureció y le preguntó con voz aguda: «¿Qué intentas hacer exactamente?».
La joven, claramente sorprendida, miró a Renee con los ojos llenos de dolor. Continuó disculpándose con voz suave: «De verdad que no era mi intención. Lo siento mucho».
En ese momento, Renee no pudo evitar fijarse en lo hermosa que era la joven, como una muñeca de porcelana. Su voz tenía una dulzura natural, de esas que no suenan forzadas, sino genuinamente relajantes.
Renee no quería creer que alguien tan guapo pudiera estar causando problemas a propósito.
«El camino es muy ancho. ¿Era necesario chocarme? ¿No prestabas atención al camino cuando caminabas?», dijo Renee.
Su tono era firme, pero no desagradable.
Para sorpresa de Renee, la joven se sintió tan afectada por sus palabras que inmediatamente comenzó a llorar.
Sin previo aviso, las lágrimas comenzaron a brotar, inundando su rostro mientras los sollozos sacudían su cuerpo.
Era como si se hubieran abierto las compuertas: sus sollozos llegaban en oleadas intensas y desesperadas. «Yo… no fue mi intención», jadeó la joven entre lágrimas. «Estaba perdida en mis pensamientos y no te vi. Lo siento mucho, de verdad…».
Al ver el estado de angustia de la joven, Renee sintió una oleada de resignación. Hizo un gesto con la mano para indicarle que se marchara. «Está bien, ya basta. Vete».
Sin embargo, la joven no se marchó. En cambio, agarró la mano de Renee con un gesto desesperado y suplicante. «¡Juro que no fue mi intención! ¡Por favor, perdóneme!». Sus palabras salieron apresuradas, en un torrente de pánico. Renee se vio sorprendida, con la mente llena de preguntas. ¿Qué estaba pasando allí?
Con su ojo entrenado, Renee estudió de cerca a la joven. Más allá de su evidente belleza, había algo en ella que no encajaba.
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Renee no pudo evitar preguntarse qué era lo que no encajaba en la joven.
Entonces se dio cuenta: el maquillaje. El rostro de la joven estaba cubierto de capas de cosméticos que parecían fuera de lugar. Con sus rasgos naturales, habría sido impresionante, pero el maquillaje pesado la hacía parecer casi artificial.
«¿No te dije que te fueras?».
Renee frunció el ceño con frustración, su voz firme pero con un toque de vacilación. Tenía pensado ser más tajante, pero al ver a la joven al borde de las lágrimas de nuevo, dudó.
Con un suspiro, Renee decidió que el asunto no merecía su tiempo. Pero en ese momento, para su sorpresa, la joven, que hacía unos instantes era un manojo de emociones, se enderezó de repente. Recuperó la compostura. Se irguió y sus ojos se volvieron fríos.
Así que esa era su verdadera personalidad.
La expresión de Renee se tensó y entrecerró los ojos con fría calculadora. Se quedó quieta, esperando en silencio a ver qué haría la joven a continuación.
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