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Capítulo 180:
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Preocupada por que la tensión se convirtiera en una confrontación abierta, Renee aceleró el paso.
Su llegada no pasó desapercibida; Ryder se levantó del sofá y su expresión se tornó preocupada al verla. «Buenos días, Renee. ¿Qué tal un desayuno? Tenemos tostadas y beicon, pero si prefieres otra cosa, dímelo y te la prepararé».
«Me da igual, siempre que sea un desayuno ligero», dijo Renee encogiéndose de hombros con indiferencia.
William, que no quería quedarse atrás, se levantó de la silla y miró fijamente a Renee a los ojos. En cuanto Renee lo miró, William habló con voz suave.
—¿Recuerdas que me dijiste que debería pasar más tiempo con Félix? ¿Qué tal si salimos todos juntos hoy?
—Ni hablar —interrumpió Ryder bruscamente, con una palabra que cortó el aire.
Renee abrió los ojos con sorpresa.
El rostro de William se ensombreció y su mirada gélida atravesó a Ryder. —¿Qué quiere decir con eso, señor Chadwick?
Con una actitud serena y una sonrisa imperturbable, Ryder explicó con calma: —Lamento decirlo, señor Mitchell, pero teniendo en cuenta que Félix tuvo fiebre ayer y que hoy hace bastante frío fuera, no es la mejor idea que salga.
Con esas pocas y cuidadosas palabras, Ryder había afirmado sutilmente su autoridad sobre Félix y Renee.
Renee intervino, con voz teñida de incomodidad: «Cierto, se me había olvidado que Félix estaba enfermo ayer. Definitivamente, debería descansar en casa hoy».
William asintió, ocultando su decepción. «No hay problema. Aún podemos pasar un día estupendo con él en casa».
La tensión en la mesa del desayuno era palpable. Renee podría jurar que fue la comida más incómoda que había vivido jamás. Frente a ella, Ryder y William se sentaban con posturas rígidas, el lenguaje corporal de ambos gritaba que se avecinaba una tormenta, lo que la hacía sentir como si estuviera pisando hielo fino.
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Por suerte, Felix no era de los que dormían hasta tarde. Bajó temprano y, en cuanto vio a William en la sala de estar, se iluminó de alegría y bajó corriendo las escaleras.
«¡Sr. Mitchell! ¿Qué le trae por aquí?», preguntó Felix con una mezcla de sorpresa y alegría en la voz.
Felix se lanzó a sus brazos y William lo levantó en un rápido y cálido abrazo. «He venido a pasar el día contigo, amigo. ¿Qué te parece?».
«¡Sí! ¡Sí!». La emoción de Félix era evidente mientras aplaudía con las manos y su rostro irradiaba felicidad.
«Félix, ven aquí», llamó Ryder con voz firme pero cálida.
En cuanto Félix oyó la voz de Ryder, se zafó de los brazos de William y giró la cabeza hacia él.
Ryder había sido una constante en su vida, velando por su crecimiento con un afecto paternal que Félix apreciaba profundamente.
«¡Papá! ¡Papá!». Félix corrió hacia Ryder, y su joven voz resonó por toda la habitación.
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