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Capítulo 175:
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Renee se quedó allí, sin saber qué decir al presenciar ese momento tierno y a la vez extraño.
Renee intercambió una rápida mirada con Ryder, con los ojos brillantes, en una silenciosa súplica para que él hiciera algo. Para su sorpresa, la sonrisa de Ryder irradiaba calidez cuando se volvió hacia Félix, con voz suave pero firme. «Por supuesto, Félix. Me quedaré contigo esta noche. Tú significas más para mí que cualquier trabajo».
Renee se quedó estupefacta, con la mente dando vueltas por la inesperada declaración de Ryder.
El grito de alegría de Félix resonó en la habitación, vibrante como un grito de victoria. «¡Mamá, mamá! ¡Papá ha dicho que se queda! ¡Vamos rápido a la cama! ¡Esto es lo mejor!».
Sin saber qué decir, Renee sintió una mezcla de sorpresa y confusión en su interior.
Con un tirón entusiasta de sus pequeñas manos, Félix arrastró a los dos adultos hacia su camita.
«¡Más despacio, Félix! Podrías tropezar», le advirtió Renee, con una voz que mezclaba reprimenda y cariño, todavía aturdida por la aceptación de Ryder.
Bajo la ansiosa guía de Félix, los tres se acomodaron en la cama, creando un acogedor sándwich con Félix cómodamente acurrucado entre ellos. Le dio un tierno beso en la mejilla a Ryder y luego a Renee, sin poder contener su alegría.
«Papá, mamá, ¿me contáis un cuento?», preguntó Félix con voz burbujeante de expectación.
A Renée se le encogió el corazón. Estaba tentada de convencerlo de que se durmiera sin cuento, deseando que el día terminara pronto. Sin embargo, al ver el brillo de esperanza en los ojos de Félix, se encontró cediendo a su sencillo deseo. Para la mayoría de los niños, escenas como esta son solo comodidades cotidianas, pero Félix nunca había experimentado una.
Dormirse con sus padres cerca, escuchar un cuento antes de dormir… Para Félix, eso no era más que un sueño.
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Su voz titubeó ligeramente, atrapada por la emotividad del momento. «Pero no sé ningún cuento, cariño».
No se lo estaba inventando. Como nunca había escuchado un cuento antes de dormir cuando era niña, no era de extrañar que no supiera ninguno.
Felix se entristeció por un momento, pero luego se animó de nuevo con una solución esperanzadora. «Entonces, ¿qué tal si cantas? Mamá, cántame una canción». Una vez más, Renee no encontró las palabras, su corazón se sintió sorprendido por la sincera petición de Felix.
Se sintió abrumada por la aplastante sensación de ser una madre inútil que no sabía hacer nada bien.
Su mirada preocupada no pasó desapercibida; sin embargo, Félix, con sus grandes ojos brillantes y llenos de inocente emoción, parecía imperturbable.
«Papá, ¿y tú?».
Ryder, normalmente imperturbable, se mostró visiblemente sorprendido. Frunció el ceño en una rara muestra de confusión. Esa imagen inusual casi le arrancó una risa a Renee.
Era una alegría peculiar ver al capitán de las Fuerzas Especiales Night Wolf, normalmente tan sereno, tomado por sorpresa.
«Papá, ¿puedes cantarme algo?». La voz de Félix, llena de insistencia infantil, rompió el momento.
Renee parpadeó con asombro.
Imaginar a Ryder, con su actitud severa, cantando era casi cómico.
«Vamos, papá, cántame algo», insistió Félix, negándose a rendirse.
La cara de Ryder se contorsionó como si estuviera descifrando un código complejo. Se produjo una pausa mientras buscaba melodías familiares en su cabeza y, luego, comenzó lentamente a cantar la única canción que sabía.
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