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Capítulo 601:
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Le temblaban los dedos mientras la abría. Tras echar un vistazo al titular, se quedó rígido, como si el suelo se hubiera convertido en piedra bajo sus pies.
«Oh… Dios mío», jadeó, con la voz temblorosa de emoción mientras levantaba la pantalla para que todos la vieran. «Mirad esto: ¡acaban de publicar el anuncio oficial!».
Todos se inclinaron instintivamente, apiñándose alrededor de la pantalla iluminada.
El llamativo titular resplandecía en la parte superior:
¡Vuelve la leyenda, Rosara resurge!
El contenido del artículo no hizo más que acelerar sus corazones:
«Tras intensas negociaciones entre el comité de carreras y la alianza internacional de carreras, se ha hecho una excepción para invitar a una piloto legendaria al Torneo Internacional de Osalens. Rosara —la legendaria piloto que en su día dominó el circuito de F1 con una habilidad sin igual y batió innumerables récords antes de desaparecer de la escena— hará su regreso oficial como participante especial en este evento!
La revelación estalló como una bomba en el mundo de las carreras, provocando una onda expansiva en todos los rincones del circuito.
En la habitación del hospital, Felix, Toby y Galen se quedaron paralizados por un instante antes de que sus miradas se posaran en la mujer serena que se encontraba tras la bomba. Brinley estaba de pie con los brazos cruzados sin apretar, y su compostura resultaba casi exasperante.
La verdad les golpeó como un trueno. La piloto a la que habían idolatrado durante años —la leyenda a la que todo el mundo del automovilismo adoraba— había sido Brinley todo este tiempo.
𝗧𝘂 𝗽𝗋𝘰́𝗑і𝗺a 𝗹e𝖼𝘁u𝘳a 𝖿а𝗏о𝘳і𝗍𝘢 еѕ𝘁á 𝗲𝗻 ո𝗼𝗏e𝘭аѕ4𝗳𝗮𝘯.𝖼𝘰m
Todas las preguntas sin respuesta, todos los momentos que antes los habían desconcertado, de repente encajaron en su sitio.
Ante su incredulidad, con los ojos muy abiertos, los labios de Brinley se curvaron en una sonrisa astuta y segura de sí misma. —¿Siguen pensando que ahora no tenemos ninguna posibilidad?
Austin seguía siendo el único imperturbable. Todos los demás permanecían sentados en un silencio atónito, luchando por asimilar la verdad.
Toby y Galen parecían como si sus cerebros hubieran sufrido un cortocircuito, mientras que Félix miraba al vacío desde su cama de hospital, rígido como si le hubiera alcanzado un rayo.
Su mirada se fijó en la expresión imperturbable de Brinley mientras fragmentos dispersos de recuerdos pasados se arremolinaban en su mente, chocando entre sí hasta que finalmente formaron una única y deslumbrante verdad.
«Ahora todo encaja… no me extraña», dijo, con la voz temblorosa por la incredulidad. «Debería haberlo descubierto hace mucho tiempo. No me extraña que cada vez que te veía al volante, me resultara tan familiar. La precisión en esas curvas, el ritmo de tus derrapes, ese control casi obsesivo sobre cada centímetro de la pista… ¡es exactamente como el estilo de Rosara! Siempre pensé que quizá te habías entrenado en secreto con ella».
Al final, la voz de Félix se elevó con un estallido de euforia, y la conmoción en su pecho se transformó en alegría desenfrenada. «¡Brinley! ¿Tú… tú eres Rosara?! ¡¿La legendaria Rosara que revolucionó todo el mundo de las carreras?!»
Se le cortó la respiración mientras las palabras salían de su boca con incredulidad. «Joder, ¿estoy soñando? ¿Mi ídolo —la corredora a la que he venerado durante años— es en realidad mi hermana?
Pero la euforia no duró. Un dolor amargo le subió por la garganta, consumiendo la emoción.
Sus ojos enrojecidos se fijaron en Brinley, con la voz temblorosa mientras la emoción se abría paso. «Algo tan grande —campeonatos mundiales, todos esos trofeos, todo lo que has conseguido— ¿por qué nunca me lo contaste? ¿Alguna vez me has visto como el hermano más cercano a ti?»
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