✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 594:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Clarice permaneció inmóvil en los brazos de Brinley, presenciando en ella una fragilidad que nunca antes había visto.
Levantó una mano y acarició la espalda temblorosa de Brinley con una dulzura que le resultaba casi ajena a su propia naturaleza, murmurando palabras de consuelo una y otra vez. «Sobrevivirá a esto. Lo superará. Estoy aquí. La familia Moore está aquí; no dejaré que le pase nada. Tienes que confiar en mí».
Tras unas agotadoras horas de cirugía, la luz roja sobre el quirófano finalmente se atenuó.
El cirujano salió, con el agotamiento grabado en cada arruga de su rostro mientras se bajaba la mascarilla. «La operación ha sido un éxito. Le hemos salvado la pierna».
Esa única frase liberó la tensión asfixiante que se apoderaba de todos. Su alivio fue tan profundo que casi se derrumbaron.
Brinley se llevó una mano a la boca cuando las lágrimas que había estado conteniendo todo el día finalmente se desbordaron, resbalando en silencio por su rostro.
Clarice exhaló un largo y tembloroso suspiro, sintiéndose completamente vacía mientras se desplomaba contra la pared, incapaz de reunir fuerzas para moverse.
Momentos después, las enfermeras sacaron a Félix en una camilla.
о𝗋𝘨аn𝘪𝘇𝖺 𝗍u 𝘣і𝖻l𝗂𝘰𝘁е𝖼𝖺 𝗲𝗻 n𝘰𝘷𝘦𝘭𝘢ѕ𝟰𝘧аn.с𝗼𝘮
Permanecía sumido en un sueño anestésico, con el rostro desprovisto de todo color.
Su pierna izquierda desaparecía bajo un grueso yeso, y varios tubos salían serpenteando de su cuerpo, haciéndolo parecer desgarradoramente frágil.
Pero respiraba.
Brinley corrió a su lado, acunando su mano fría con infinito cuidado, presionando su mejilla contra ella mientras las lágrimas ardientes caían una tras otra.
Trasladaron a Félix a una habitación privada, donde Toby y Galen —por lo general tan imperturbables— lloraban abiertamente.
Mantenían su vigilia junto a la cama, con la culpa y el terror grabados en sus rostros.
Brinley se sentó inmóvil a su lado, mirando fijamente el rostro ceniciento de su hermano como si le hubieran arrancado el alma, dejando solo un caparazón.
El silencio se sentía opresivo, casi vivo.
La atmósfera de la habitación pesaba como algo físico, rota solo por el ritmo constante del equipo médico que monitorizaba sus signos vitales.
Incapaz de soportar por más tiempo el silencio sofocante, Clarice finalmente se escabulló, buscando aire junto a la ventana al final del pasillo.
Encendió un cigarrillo, aspirando el humo profundamente hasta los pulmones, dejando que la nicotina calmara sus nervios de punta.
Pero cada vez que cerraba los ojos, el rostro exangüe de Félix se materializaba tras sus párpados.
Clarice abrió los ojos a la fuerza y soltó una risa amarga. «Lo que se siembra, se cosecha…»
Durante más de dos décadas, Clarice había jugado sus cartas con maestría, conquistando corazones sin entregar nunca el suyo.
Estaba convencida de que el amor era algo que nunca la tocaría.
Y, sin embargo, ahí estaba, derrotada por un hombre varios años más joven, alguien que había burlado todas las defensas que había construido.
Nunca imaginó que enamorarse de alguien pudiera hundirla así por completo.
.
.
.