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Capítulo 456:
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En una sala apartada del hospital privado de la familia Moore, un ambiente sombrío flotaba en el aire como una espesa niebla.
Austin yacía recostado en la cama del hospital, con el rostro ceniciento, mientras un gotero le administraba un goteo constante de medicación en las venas. Miguel velaba junto a la cama, con el corazón oprimido por la preocupación ante el frágil estado de su jefe.
La noche anterior, tras una cena agotadora, Austin apenas había llegado al coche cuando se dobló por la mitad, agarrándose el abdomen mientras el sudor frío empapaba su camisa.
Miguel lo había llevado a toda prisa al hospital, donde las pruebas confirmaron otra hemorragia gástrica más: la tercera de Austin en los últimos meses.
«Señor, está jugando con fuego, forzando su salud de esta manera. Es inevitable que le pase factura», dijo Miguel, exhalando un suspiro de cansancio. «¿Llamo a su esposa?»
Recostado contra el cabecero, Austin negó levemente con la cabeza.
Conocía demasiado bien a Brinley.
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Si se enteraba de su estado, lo dejaría todo —incluida la crisis de la empresa— para estar a su lado.
Ya estaba lidiando con una tormenta de problemas, así que no podía soportar añadirle más cargas.
Al ver la inquebrantable determinación de Austin, Miguel insistió, con un tono de frustración en la voz. —Señor, no teníamos por qué trabajar con la familia Armstrong en este acuerdo. ¿Por qué se somete a este calvario?
Austin se quedó en silencio, con la garganta oprimida al tragar saliva. Cuando su voz emergió, sonaba áspera por la emoción. —No es tan sencillo como parece.
Su mirada se desvió hacia la ventana, perdida en la bruma de viejos recuerdos.
«Cuando mi madre aún estaba con nosotros, se encontró una vez en una situación desesperada, y Melvin la sacó adelante. Ella nunca volvió a ser la misma después de eso; su salud se resquebrajó. Me tuvo a mí y falleció poco después. En su lecho de muerte, concertó un compromiso entre Juliet y yo, incluso lo puso por escrito».
Miguel abrió mucho los ojos.
En todos los años que llevaba al lado de Austin, aquello era una novedad para él.
» «Mi padre gastó una fortuna y pidió todos los favores que pudo para liberarme de ese compromiso», continuó Austin, cerrando los ojos mientras respiraba hondo para calmar la punzada aguda en el estómago. Su voz denotaba un gran cansancio. «La familia Armstrong accedió, pero nunca anularon públicamente el contrato, y Melvin aún lo conserva como una carta de triunfo».
Cuando abrió los ojos, estos brillaban con determinación. «Esta vez, Melvin vino a mí. Me dijo que si no le seguía el juego con este trato, filtraría el contrato. Si ese documento sale a la luz, los rumores destrozarán a Brinley, acusándola de interponerse entre Juliet y yo. No dejaré que se enfrente a ese tipo de culpa».
Miguel entendió todo de golpe.
La concesión de Austin era un escudo para proteger la reputación de Brinley.
Al contemplar su rostro pálido, Miguel sintió una oleada de admiración teñida de preocupación. «Señor, ¿por qué no se sincera con su esposa? Si ella supiera hasta dónde está llegando, lo entendería».
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