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Capítulo 263:
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Sin embargo, su mente era un torbellino. No podía recordar ni la mitad de lo que salió de su boca durante el resto de la reunión.
Era imposible ignorar la presencia de Austin: su pecho cálido contra su espalda, su brazo rodeándole la cintura de forma posesiva, su aliento rozándole la oreja mientras le susurraba tonterías. Palabras triviales, sin sentido por sí mismas, pero perfectamente diseñadas para dispersar su concentración.
En el instante en que terminó la videollamada, Brinley cerró de un golpe el portátil y se dio la vuelta, con los ojos chispeantes. «¡Austin! ¿Qué es exactamente lo que intentas hacer?».
Su indignación enfurruñada solo le hizo sonreír. Alargó la mano y le pellizcó la mejilla como si fuera una niña haciendo una rabieta. —Te echaba de menos. Solo quería abrazarte.
—Tú… —Su protesta se le quedó en la lengua. Su franca honestidad le dejó sin aliento, disipando su irritación y dejándola más nerviosa que enfadada—. ¿Tienes idea de lo vergonzoso que ha sido eso?
—No lo sé —respondió Austin, inclinándose hasta que su nariz casi rozaba la de ella, con la sinceridad brillando en sus ojos—. Solo sé que quiero estar contigo todo el tiempo.
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La intensidad de su mirada hizo que su pulso se acelerara y sus mejillas se sonrojaran hasta que no tuvo más remedio que apartar la vista.
—Si sigues así, me volveré a la mansión Shaw.
No dudó antes de responder. «Entonces me mudaré contigo. Dondequiera que estés, ahí estaré yo».
Los hombros de Brinley se hundieron, derrotados. Se dio cuenta de que no estaba fanfarroneando: Austin la seguiría a cualquier parte si eso significaba tenerla cerca.
La verdad era que últimamente había estado desbordada. Entre la fusión de VantagePath Realty y Shaw Group y la avalancha de proyectos en su escritorio, Austin había quedado relegado a un segundo plano. Quizá esta fuera simplemente su forma de reclamar su atención.
Esa idea la ablandó. Su irritación se desvaneció, sustituida por algo más tierno.
Se volvió hacia él, con la mirada más tranquila ahora. —Está bien —suspiró—. No trabajaré. Me quedaré contigo. ¿Contento?
—¿De verdad? —Sus ojos se iluminaron como los de un niño al que le regalan su juguete favorito.
—De verdad —asintió ella—. Pero solo si prometes descansar como es debido… y dejas de fingir que estás enfermo.
—Hecho —no dudó, y la atrajo hacia sí con los brazos—. Mientras estés conmigo, haré todo lo que me digas.
Le besó el pelo y la abrazó como si pudiera anclarla allí para siempre.
Por un momento, el mundo se redujo a solo ellos dos, hasta que su teléfono rompió el silencio.
Brinley gimió y lo sacó del bolsillo. En la pantalla aparecía «Alayah».
Al otro lado, su voz sonaba cálida y cautelosa; primero se preocupó por la salud de Brinley y luego admitió con delicadeza el verdadero motivo de su llamada.
Quería ver a Brinley, no por Colin, sino simplemente porque se preocupaba por ella.
Aunque Brinley tuviera la firme intención de romper los lazos con la familia Palmer, Alayah creía que lo mejor sería verse una vez más, para zanjar todo cara a cara.
Austin apretó la mandíbula a su lado ante la intrusión. No dijo ni una palabra, pero su descontento se reflejó en su rostro como una tormenta.
Brinley, sin embargo, sabía que Alayah tenía razón. Algunos lazos debían romperse en persona.
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