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Capítulo 903:
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Así era la vida en su mundo: despiadada, frágil y siempre a un paso de la muerte.
Jayson observaba con expresión congelada, su mente reproduciendo la sonrisa burlona de Curt la noche antes de que regresaran: la confianza, la arrogancia.
Curt creía que sería él quien sobreviviría, pero estaba equivocado.
Shane y Jayson regresaron a casa a descansar.
Lindy siguió a Shane de vuelta. Al día siguiente del funeral, hizo algo que nadie esperaba: cocinó.
“Shane, Jayson, estaba muy alterada ayer. Por favor, no tomen a pecho lo que dije. La muerte de Curt fue demasiado, y perdí el control. Así que hoy cociné para compensarlo. Curt se ha ido. De ahora en adelante, dependeré de ustedes dos. Prometo no causar problemas. Cociné todo con esmero. Por favor, coman.”
Lindy sonrió calurosamente, haciéndoles señas de acercarse a la comida, con un tono gentil y sincero.
La mesa estaba cargada de hermosos platillos, pero ninguno de los dos se movió.
Su amabilidad repentina se sentía rara. Demasiado rápida. Demasiado falsa.
Curt lo había sido todo para ella; era imposible que estuviera tan serena. La comida olía delicioso, pero persistía el temor de que pudiera estar envenenada.
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Su vacilación era evidente, y los ojos de Lindy se abrieron de par en par con incredulidad.
“¿De verdad creen que envenené la comida?” Las lágrimas se agolparon en sus ojos, cargadas de orgullo herido. “Shane, ¿de verdad crees que te envenenarías? Si no confían en mí, lo voy a demostrar.”
Tomó un tenedor y probó cada platillo uno por uno.
“Shane, esta sopa es tu favorita. La empecé a hacer temprano esta mañana. Pruébala, está muy rica.”
Le llenó el tazón a Shane hasta el borde con la sopa.
“Y Jayson, estos son los camarones más frescos. Recuerdo cuánto te gustaban de niño. Vamos, pruébalos.” Le puso un camarón pelado en el plato.
“Acabo de tener una cirugía. No puedo comer mariscos”, respondió Jayson de manera plana.
“Claro, se me olvidó. Entonces toma un poco de sopa; te ayudará a recuperarte.” Su ternura se sentía antinatural. Inquietaba el ambiente.
Shane y Jayson se miraron y esperaron. Pero Lindy siguió animándolos a comer, sin mostrar ningún indicio de malas intenciones.
Finalmente tranquilizados, levantaron sus tazones, soplaron el vapor y dejaron que el aroma los envolviera.
Shane tomó un sorbo. El sabor era perfecto: rico y familiar. Igual que las sopas que recordaba.
No pudo evitar dar algunos sorbos más.
Jayson, en cambio, se mantuvo cauteloso. Tomó un sorbo pequeño y luego dejó el tazón en silencio.
Su médico le había dicho que tuviera cuidado con lo que comía después de la cirugía, y no iba a arriesgarse.
Probó algunas cosas y luego alegó que ya estaba lleno.
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