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Capítulo 300:
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Glenn finalmente habló, con voz cargada de un dolor inexpresable. «Derek ya tenía doce años cuando volvió con nosotros. Hasta el día de hoy, no sabemos por lo que pasó antes de eso».
Nunca lo había contado y nadie había podido reconstruir su pasado. La verdad, enterrada en otro país, era casi imposible de rastrear. Encontrarlo había sido pura suerte.
Allison sintió una punzada en el pecho. A juzgar por las marcas en su piel, su infancia no solo había sido difícil, sino brutal.
Y esas dos cicatrices en forma de latigazo no eran superficiales. Parecían haber llegado hasta el hueso.
¿Qué tipo de sufrimiento había pasado, abandonado solo en un país desconocido sin nadie que lo protegiera?
Jane intervino: «La gente dice que Derek tiene mal genio, pero solo porque cruzaron una línea y fueron castigados. Luego tergiversan la historia para que parezca irracional. A él nunca le han importado sus opiniones, pero aun así, su reputación en Oregend sigue deteriorándose».
Esa explicación no le convencía a Allison. Derek sí tenía mal genio. No siempre necesitaba una razón para enfadarse, especialmente cuando se trataba de ella.
Había veces en las que hablaba con calma, solo para enfadarse sin previo aviso al segundo siguiente.
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Decidiendo no desafiar a sus abuelos, que lo adoraban, Allison apretó los labios y no dijo nada.
Pasando otra página, estudió cada foto con creciente claridad, y finalmente comenzó a comprender al chico que Derek solía ser.
Callado, melancólico, casi invisible. Una presencia escondida en segundo plano como una sombra olvidada.
Entonces, una foto hizo que su mano se detuviera en medio del cambio de página.
La señaló sin dudar. «¿Este es Derek?».
En la foto aparecía un niño pequeño vestido con un traje negro rígido y demasiado grande. Su expresión era inexpresiva, pero sus ojos parecían apagados. El escenario detrás de él era inconfundible: un cementerio.
Inclinándose más cerca, Glenn asintió. «La tomaron cuando fue a Dellness con su padre para asistir a un funeral. Estaba preocupado, así que le pedí a alguien que viajaba con ellos que le hiciera una foto. La revelé y la añadí al álbum».
Allison no podía apartar la mirada. Sus manos se cerraron en puños mientras su corazón latía más fuerte que sus pensamientos.
Lo reconoció: era el mismo chico que la había ayudado en el cementerio hacía tantos años.
Lo había buscado, esperando encontrar algún rastro. Pero nunca lo había encontrado.
Ahora sabía la verdad. Todo este tiempo había estado aquí, en Oregend.
En aquel entonces, cuando todo parecía perdido, él había sido la única persona que le había dado algo a lo que aferrarse.
Su pecho se elevaba ligeramente más rápido. Volver a verlo era increíble, pero darse cuenta de que el chico de entonces era en realidad Derek lo hacía aún más surrealista.
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