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Capítulo 150:
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Los pecados del pueblo se habían acumulado, y estaba claro que esta vez la justicia no fallaría.
Sin embargo, el futuro de Tilda planteaba sus propias complicaciones.
La agente explicó: «No tiene identidad legal, ni documentos, ni antecedentes. Pero ahora que ha cumplido los dieciocho años, puede solicitar su propio documento de identidad. Aun así, teniendo en cuenta lo que ha pasado, no podemos permitir que viva sola sin supervisión».
En la sala de descanso de la comisaría, Allison y Tilda se sentaron en silencio, escuchando la conversación que se desarrollaba a su alrededor.
Tilda, abrumada por el miedo, se acercó y rodeó con ambos brazos a Allison, con la voz temblorosa. «Lynne, quiero quedarme contigo».
Allison la miró. Los ojos de la chica estaban llenos de confianza, como si, dijera lo que dijera, Tilda la creyera.
Algo agudo y doloroso se apoderó del pecho de Allison. Se volvió hacia la agente y le preguntó: «¿Puedo acogerla? Puede ser mi hermana pequeña».
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En el momento en que Tilda se lanzó delante de ese cuchillo, Allison decidió acogerla.
Puede que no tuviera una familia tradicional, pero tenía los recursos para ofrecer a Tilda una vida mucho mejor que la que la niña había conocido hasta entonces.
En Oregend, era propietaria de varios inmuebles y tenía activos más que suficientes para cuidar de Tilda.
Y ahora que era legalmente adulta, nada le impedía convertirse en la tutora de Tilda a través de los canales adecuados.
Tras una pausa reflexiva, la policía finalmente asintió. «De acuerdo». Aun así, los trámites legales para acoger a alguien eran complicados. La policía se mostró comprensiva y accedió a ayudar con el proceso. Llamó a un compañero para que le expidiera a Tilda un documento de identidad temporal y un documento oficial que permitiera una adopción sin complicaciones más adelante. De esta manera, no habría obstáculos legales que se interpusieran en su camino cuando llegara el momento.
Cuando llegaron a la parte de elegir un nombre, el agente se agachó junto a Tilda y le preguntó con delicadeza: «¿Te gustaría elegir un nuevo nombre para ti?».
Allison miró a Tilda y le preguntó: «¿Quién te puso el nombre actual?».
Tilda respondió con sinceridad: «Los aldeanos. Este nombre no significa nada para mí. Lynne, ¿podrías ponerme tú un nombre?».
Lo que quería no era solo un nombre, era un comienzo. Una nueva identidad que encajara con la nueva vida que estaba a punto de empezar, junto a Allison.
Con una suave caricia en la mejilla de la niña, Allison susurró: «De acuerdo». Al final, eligieron un nombre juntas: Madison Clarke.
Allison esperaba que esta nueva identidad se convirtiera en la base de un nuevo comienzo.
Dado que a partir de ese momento serían hermanas, le parecía lógico que Madison adoptara su apellido.
La agente repitió el nombre en voz alta varias veces, esbozando una cálida sonrisa. «Es un nombre precioso».
Había algo en la inocencia de Madison que parecía atraer la bondad hacia ella como la gravedad. Y ahora, con Allison a su lado, nunca más tendría que enfrentarse sola a la crueldad.
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