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Capítulo 149:
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De pie en la puerta, con el rostro desencajado por la furia, estaba el hijo del jefe de la aldea.
Se abalanzó sobre Allison, y la hoja reflejó la luz al cortar el aire.
En una fracción de segundo, Tilda saltó de los brazos de Allison y se lanzó hacia la trayectoria del arma.
Actuando por instinto, Allison se giró hacia un lado, protegiendo a Tilda y esquivando por poco el golpe.
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Los oficiales que se encontraban cerca derribaron al atacante al suelo, inmovilizándolo mientras gritaba amenazas y lanzaba culpas, con su ira totalmente centrada en Allison.
Aferrándose a la manga de Allison, Tilda temblaba y susurraba con voz quebrada: «No tengas miedo, Lynne. Yo te protegeré».
Era pequeña, frágil, poco más que una niña, pero en ese momento estaba dispuesta a darlo todo por la seguridad de Allison. La profundidad de ese gesto llegó directamente al corazón de Allison.
Acariciando el rostro de Tilda, le secó suavemente las lágrimas. «Has sido muy valiente, Tilda. Gracias por defenderme. Pero ya no llores más, ¿vale? Te empezarán a doler los ojos».
«No volveré a llorar». Tilda asintió y se aferró con más fuerza, con una voz apenas audible.
Una suave sonrisa se dibujó en el rostro de la agente mientras las observaba. «Ha estado cerca. Realmente se ha arrojado al peligro por ti. Ese tipo de confianza es poco común. Puede que tenga veinte años, pero ¿por dentro? Sigue teniendo el corazón de una niña de diez».
Allison asintió en silencio. La agente había expresado exactamente lo que ella estaba pensando.
Había una dulzura en Tilda que el mundo destrozaría si nadie la protegía. Una vez que llegaron a Dellness, Allison se prometió en silencio que la llevaría a hacerse un chequeo médico completo.
Con las declaraciones de Allison y Adalynn, todas las personas relacionadas con la red de tráfico fueron detenidas.
En total, veintitrés mujeres víctimas de la trata fueron rescatadas del pueblo.
El descenso de la montaña llevó otro día y otra noche completos. Una vez de vuelta en la comisaría, todos se sentaron para prestar testimonio formal y detallado.
El jefe del pueblo era el principal contacto de los traficantes y coordinaba cada nueva llegada.
Debido a la generosidad de Nortown a la hora de pagar, los traficantes no carecían de motivación para seguir vendiéndoles mujeres.
Durante más de una década, más de veinte mujeres habían sido traficadas a este pueblo aislado.
Se decía que la persona que se encargaba de todas las transacciones con el jefe del pueblo era una anciana. El jefe afirmaba que nunca supo su nombre.
En cuanto a los aldeanos más jóvenes que afirmaban haberse ido a trabajar, la verdad salió a la luz con todo su espeluznante detalle: sí, cultivaban flores, pero no del tipo que se vende en los mercados. Cultivaban amapolas.
Allison apenas podía creer lo que estaba oyendo. Amapolas, utilizadas para producir narcóticos. Ahora todo tenía sentido: la tranquila opulencia, el evitar llamar la atención, el secretismo.
Si la operación salía a la luz, ¿no se enfrentarían todas las personas relacionadas con ella a años de cárcel?
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