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Capítulo 973:
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—Nora, confía en mí. —Su voz tenía un deje de protección—. Tú solo descansa. He conseguido al mejor especialista en eliminación de cicatrices del país. Volverás a ser la radiante que eras en un abrir y cerrar de ojos.
Sus dedos rozaron su mascarilla, una súplica silenciosa. —Quiero que puedas caminar libremente, sin ocultar tu hermoso rostro al mundo.
La verdad era que a Nora no le importaban las cicatrices. Era su insistencia en que llevara una máscara siempre que estuviera en público.
Por supuesto, Nora seguía sus instrucciones. Cada vez que salía, era necesaria una máscara.
—Está bien —suspiró, apoyándose en su ancho hombro—. Lo que tú digas.
Su dinámica era curiosa. Él se retiraba al anonimato cuando estaba rodeado de otros, y solo revelaba su rostro cuando estaba a solas con ella.
Nora nunca lo cuestionó, confiando en él implícitamente. Pero esta vez, después de regresar de su viaje a Bellfolk, un destello de curiosidad se encendió en su interior.
Llegaron a su villa fuertemente custodiada. Amy ocupaba el primer piso, mientras que Nora y su prometido reclamaban el segundo.
De vuelta en territorio familiar, Nora se quitó la máscara y se puso algo más cómodo.
Haciendo una pausa en la puerta de al lado, llamó suavemente. «Cariño, ¿puedo entrar?».
—Un momento —respondió una voz masculina grave. Tras una breve espera, la puerta se abrió, dejando ver una figura alta. Su sombra la envolvió, y una familiar sensación de seguridad la invadió.
Él era su ancla, el primer rostro que recordaba tras el borrado de memoria. Era una fuerza gravitacional que la atraía, fomentando una dependencia que no podía explicar. Sin embargo, a pesar de su compromiso, persistía entre ellos una extraña sensación de distanciamiento.
Nora estaba desconcertada por el comportamiento distante de su prometido, como si fueran meros compañeros de piso en lugar de amantes. Evitaba el contacto cercano, conformándose como mucho con un simple abrazo.
Durante las noches de tormenta, cuando Nora temblaba bajo una manta, él solo se sentaba a su lado, observándola hasta que se quedaba dormida antes de irse.
A veces, Nora dudaba de que su compromiso fuera real.
Él ya había compartido sus razones. Mencionó que Nora aún estaba sanando y temía que sus momentos íntimos obstaculizaran su recuperación.
Nora no creyó sus explicaciones, pues pensó que un poco de intimidad no le haría daño.
Se guardó sus pensamientos, lo siguió a la habitación y se sentó en el borde de la cama, donde la sábana gris y arrugada yacía.
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