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Capítulo 972:
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Habían esperado con impaciencia la actuación de Nora. Con Nora fuera de la final, no tenían motivos para quedarse. No estaban seguros de lo que había ocurrido en el escenario, solo que Nora había tropezado considerablemente.
Partieron sin demora, saliendo el mismo día.
Las aspas del helicóptero se detuvieron en la extensa explanada de la mansión. Nora salió de la aeronave, entrecerrando los ojos ante la brillante luz del sol.
Su buen humor se había desvanecido como la niebla de la mañana.
—Mi jefe está aquí —susurró Amy, dándole un codazo a Nora con aire de complicidad.
La mirada de Nora se alzó, posándose en un elegante coche negro a lo lejos. ¡Era el de su prometido!
Una oleada de emoción la impulsó hacia adelante.
Junto al coche, la puerta del asiento trasero se abrió de golpe, revelando una figura familiar.
A pesar del calor sofocante, el hombre iba vestido de negro de la cabeza a los pies: una camiseta de manga larga, pantalones, una máscara y un sombrero de ala ancha.
«¡Cariño!», gritó Nora, con la voz rebosante de alegría desenfrenada, mientras prácticamente se arrojaba al coche.
—¿Has venido a verme? —ronroneó ella, deslizándose junto a él y estirando el brazo hacia él con una intimidad experimentada.
Su tacto fue suave al apartarle un mechón de pelo de la mascarilla. —Por supuesto —murmuró él—. Déjame ver tu mano.
La tomó en la suya, examinando las vendas blancas con el ceño fruncido. Se sintió aliviado al ver que no había sangre.
Su voz se suavizó aún más. —¿Te duele?
—¡Como el fuego! —declaró Nora, con un atisbo de orgullo asomando a través de la mueca—. ¡Pero terminé toda la actuación! ¿Ves? ¿No estuve increíble?
Sus ojos brillantes suplicaban su aprobación.
Una sonrisa se dibujó en sus labios. —Increíble, Nora. Absolutamente fenomenal.
La acercó a él, con una promesa silenciosa de protección que flotaba en el aire. —He oído lo que ha pasado. Buscaré venganza en tu nombre.
Nora negó con la cabeza y dijo con seriedad: —No tienes por qué hacerlo. Ya he vuelto a casa.
El vistazo que había echado anoche a los antecedentes de Cade le había provocado escalofríos. No podían permitirse meterse con alguien como él.
¿Esta pequeña herida? Un precio soportable a pagar por la paz.
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