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Capítulo 906:
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Al llegar a la villa, Sean abrió la puerta. Inmediatamente, Frank llamó al personal de la casa, incluido un ama de llaves y un cocinero. Ambos afirmaron que no habían oído ningún ruido extraño por la noche.
Marlene llevó a Sean arriba. «Sean, ven a mi habitación y escucha. Allí sí que lo oigo».
Sean luchó por controlar su impaciencia. En ese momento, casi decidió irse. Pero cuando la miró a los ojos, se encontró siguiéndola sin darse cuenta. Pensó para sí que debía ser amable con ella, teniendo en cuenta que él había sido quien se había acercado primero.
Los dos estaban solos en el pasillo del segundo piso, tenuemente iluminado. El calor enrojecía el rostro de Marlene, haciéndola sentir como si su cerebro se estuviera derritiendo. La alta estatura de Sean casi la eclipsaba por completo.
De repente, Marlene se volvió y abrazó a Sean con fuerza.
«Sean, en el momento en que me salvaste, me enamoré de ti. Me gustas de verdad».
Se aferró a él, su aroma llenó el aire a su alrededor. «Quiero estar contigo para siempre. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de estar a tu lado».
Mientras hablaba, empezó a desabrocharse el vestido con la otra mano, con la esperanza de impresionar a Sean con su figura.
Sean bajó la mirada y notó su aspecto ansioso y tímido, un aspecto similar al de Norah, pero con una expresión que Norah nunca habría mostrado.
Rápidamente agarró la mano que estaba desabrochando su vestido.
«Marlene, te has pasado de la raya».
La voz de Sean era fría y despiadada. No se inmutó ante la situación que se desarrollaba ante él. Marlene levantó lentamente la mirada y se encontró con su mirada distante. Una ola de desesperación la invadió.
«Deberías disfrutar de tu vida con el dinero que te doy, y no hacer ninguna travesura».
Le soltó la mano y la observó mientras ella tropezaba.
«Si no, puedo quitarte todo lo que te he dado en cualquier momento». Se dio la vuelta y bajó las escaleras, sin siquiera mirar a Marlene. Su espalda parecía irradiar crueldad.
Marlene se apoyó suavemente en la pared y se deslizó hasta sentarse en el suelo. Se abrazó las rodillas y lloró. Era la primera vez que ella había dado el primer paso, pero había recibido un rechazo despiadado. Su corazón se sentía destrozado.
Sean desdeñaba los actos de Marlene, tratándola con afecto cuando estaba contenta y con severidad cuando estaba molesta, como se trataría a un gatito.
Mientras tanto, Susanna se topó con una noticia de entretenimiento que la inquietó: una fotografía de Sean y Marlene. La dejó con náuseas.
Junto a ella, Joanna echó un vistazo a la misma noticia, con expresión sombría.
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