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Capítulo 905:
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Al ver a Marlene, Kathy preguntó con curiosidad: «¿Es la sustituta de Norah? Se parecen».
Kathy conocía bien a Norah, ya que había vivido con ella durante dos años. A la muerte de Norah, una parte de ella había querido celebrar su fallecimiento, pero también lamentaba la pérdida de los bienes de la familia Carter.
Madeline se limitó a sonreír, y su expresión transmitió sus pensamientos con más elocuencia que las palabras.
«Esta es la primera vez que Sean lleva a una chica a un banquete desde la muerte de Norah», señaló Kathy. «Parece que está intentando seguir adelante».
Aunque sentía un poco de celos hacia Norah por ser recordada con tanto cariño, Kathy también sentía lástima por ella por haber sido reemplazada tan rápidamente después de su muerte. ¿Quién no lo encontraría irónico, conociendo la historia completa?
Observó a Marlene, una joven y vibrante veinteañera, y pensó que Sean se quedaría prendado de ella.
Sean ordenó al conductor que llevara a Marlene a casa, a una villa designada para su residencia.
Sean y Marlene se sentaron en los asientos traseros, lo suficientemente separados como para acomodar a dos personas más entre ellos. Marlene se mordió sutilmente el labio, robándole miradas con el rabillo del ojo.
Vestido con un traje caro, Sean se apoyó en la ventana, apoyando la barbilla con una mano, y miró en silencio hacia afuera. Nunca se le había ocurrido que podría estar involucrada con alguien como él.
«Sean, ¿vas a volver a las Dreamview Villas?», preguntó.
«Hm».
Su breve respuesta indicaba una reticencia a entablar conversación. Sin embargo, Marlene persistió.
«Ha habido un ruido extraño en mi casa. Por la noche, cuando voy al baño, oigo pasos. Me asusta».
Se abrazó y se estremeció ligeramente. «Le pedí a tu asistente Frank que te pasara ese mensaje». Frank, sentado junto al conductor, movió la boca. ¡Marlene nunca se lo había mencionado!
Sean permaneció en silencio un momento antes de responder con tono distante: «Lo comprobaré más tarde».
Marlene se acercó poco a poco a él mientras el coche daba sacudidas, luciendo una sonrisa reservada.
Sean levantó la mano para detenerla. «No te acerques más». No le gustaba el contacto físico con las mujeres. Sus interacciones con ellas eran únicamente para socializar y hacer contactos.
Sin embargo, Marlene era una excepción.
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