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Capítulo 874:
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Joanna obedeció, levantando la mirada para ver una pequeña figura indistinta al otro lado del puente. Estaba demasiado borrosa para distinguirla, pero estaba segura de que los gritos provenían de ella. Con ansiedad, miró a su alrededor. ¿Dónde se habían ido Alice y los demás? ¿Por qué la habían dejado sola?
«¡Alice! ¡Alice!» La voz de Joanna rompió el silencio, su miedo agudizó sus gritos.
Por el rabillo del ojo, Joanna vio que la figura se acercaba. El terror se apoderó de ella y salió corriendo. «¡Por favor, no te acerques más! ¡No fue mi intención! ¡No empujé a Madeline! ¡Ni siquiera vi cómo se cayó!», suplicó en silencio, con el corazón latiéndole con fuerza mientras corría.
A pesar de sus esfuerzos, la figura se acercaba implacablemente. Con una sensación de fatalidad inminente, cerró los ojos con fuerza, convencida de que había venido a vengarse, tal vez incluso de su vida.
Entonces, el llanto cesó. Vacilante, Joanna abrió los ojos y vio a un adorable bebé sentado a su lado, con sus grandes ojos negros brillando mientras le ofrecía una sonrisa silenciosa. El miedo se desvaneció al instante. Tentativamente, extendió la mano para tocar al niño, pero en un instante, desapareció.
Los ojos de Joanna se abrieron de golpe ante la realidad de su entorno, con caras familiares por todas partes.
Alicia posó una mano reconfortante en su cabeza. «Joanna, no tengas miedo. El bebé no te culpa. Este era su destino, y no es culpa tuya».
«¿Fuiste tú?», preguntó Joanna, todavía tratando de darle sentido a todo.
Sí —reveló Alice—. He dominado la hipnosis. Empezó justo después de que salieras del coche. Joanna, la muerte no es realmente terrible. Entiendo tu culpa por lo del bebé, pero tienes que darte cuenta de que no es culpa tuya. Tienes que dejar de culparte.
Cuando Joanna oyó la tierna voz de Alice, se arrojó a sus brazos, sollozando incontrolablemente.
Alice, muchas gracias.
El consuelo que sintió fue más poderoso que las meras palabras. Por un momento, Joanna se preguntó si todo era solo una ilusión.
Todos tenían fe en ella. Sintió que necesitaba tener confianza en sí misma y dejar de culparse por cosas que no había hecho.
«Me alegra que hayas podido pensarlo detenidamente, Joanna». Alice le dio unas palmaditas suaves en la espalda.
Afortunadamente, Alice había venido hoy y descubierto la gravedad del estado de Joanna. Si hubiera seguido por ese camino, su cuerpo habría colapsado tarde o temprano.
«Tienes familia y amigos que se preocupan por ti. Deberías hablar con ellos. No te aísles. Intenta salir por esa puerta».
La culpa de Joanna parecía atraparla, impidiéndole vivir su vida.
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