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Capítulo 873:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙Joanna asintió con mansedumbre, pero solo ella sabía que la culpa la carcomía aún más.
Gil llegó y charló brevemente con Sean antes de irse.
Afortunadamente, Susanna no se había cortado una arteria, lo que permitió la intervención. Después de la operación, estaba en la UCI.
En tan poco tiempo, había estado en la UCI dos veces. Los que lo sabían sentían una profunda simpatía por ella.
La enfermedad era cruel no solo porque conducía a la muerte, sino por la desesperación que provocaba. Sin embargo, a pesar de todo, todavía había una pequeña posibilidad de que Susanna se recuperara. Entonces, ¿por qué seguía intentando suicidarse? Todos sus allegados sabían que había seguido su tratamiento con diligencia, soñando con el día en que pudiera volver a viajar libremente.
Alice, ocupada con su banda, no tenía ni idea de las dificultades de Joanna. La visión de Joanna, tan frágil y desgastada, la tomó por sorpresa, haciéndola preguntar urgentemente por su bienestar. Cuando Bryson le contó la verdad, cayó en un profundo silencio. No podía creer que Joanna tomara medidas tan drásticas. El incidente había proyectado una larga sombra sobre ella, una que amenazaba con perturbarla durante mucho tiempo.
Tomando la mano de Joanna con firmeza, Alice dijo: «Quiero hablar contigo, Joanna». Creía que podía ayudar a Joanna a superar sus problemas mentales.
Nancy había intentado acercarse a Joanna varias veces, pero Bryson siempre la detenía. Si los Scott no hubieran estado cerca, podría haberla regañado abiertamente. A pesar de su evidente antipatía mutua, Nancy seguía insistiendo, haciendo insinuaciones inoportunas. ¿Era incapaz de leer la situación o era simplemente una tonta? A Alice nunca le había gustado Nancy, al igual que sus sentimientos hacia Madeline. Pensaba en ellas como las dos caras de una misma moneda.
Después de asegurarse de que Susanna estaba estable, Alice llevó a Joanna a la orilla del río en un coche prestado del garaje de Norah. Norah había dejado todas las llaves fuera, dando a Alice la libertad de elegir el coche que quisiera. El viento frío junto al río les cortaba la piel, pero no parecía molestar a la gente que paseaba.
Bajo el tenue resplandor de las farolas, la zona estaba llena de vida, rebosante de actividad.
«¿Qué quieres decirme, Alice?», preguntó Joanna, deteniéndose bajo una farola.
Aunque la gente pasaba a su lado, ella sentía una abrumadora sensación de aislamiento en medio de la multitud. Todo el ruido circundante parecía desvanecerse, dejando solo el sonido lejano de un bebé llorando.
El llanto atravesó el aire: un sonido estridente y miserable que pareció penetrar en los oídos de Joanna.
«Joanna, levanta la cabeza».
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