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Capítulo 623:
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«Cariño, si no te encuentras bien, tienes que decírmelo. No me asustes así…»
Era plena noche cuando el avión de Sean llegó finalmente a Silverdale. Sean iba flanqueado por dos guardaespaldas y un asistente que desempeñaba el papel de Phillip.
Durante el vuelo, Sean había compartido toda la información con Joanna y Alice. Lloraban, cada gota alimentada por el miedo por el destino de Norah.
«Id directamente al hospital», ordenó Sean con firmeza. Su transporte les esperaba en la entrada. Se subieron rápidamente al coche. Pase lo que pase, su destino final era el Hospital Concord.
El ambiente en el coche estaba cargado de tensión, un silencio que se hacía eco de su temor.
El hospital estaba iluminado con luces, el departamento de emergencias bullía de actividad.
Joanna se dirigió al mostrador de información del hospital. «Disculpe. He oído que el personal médico de su hospital ha sufrido un accidente. ¿Están bien?».
La enfermera negó con la cabeza. «Siguen en urgencias. Aún no ha salido nadie».
«¿Hay una doctora llamada Norah Wilson entre ellos?».
«No estoy segura, pero hay dos doctoras entre los cuatro».
«Gracias».
El corazón de Joanna se hundió como una piedra en arenas movedizas. Se apresuró a volver con Sean y Alice, ansiosa por compartir la inquietante noticia que acababa de recibir.
«Norah… Norah debe de ser una de ellas».
Tras pronunciar esas palabras, Joanna no pudo evitar que un torrente de lágrimas recorriera sus mejillas. Alice apretó los puños y dijo: «Creo que Norah se pondrá bien. Dios la bendecirá».
Con los ojos cerrados, susurró oraciones en silencio, mientras Joanna luchaba por reprimir sus sollozos, como si intentara calmar una tormenta interior.
El corazón de Sean se encogió de preocupación.
Según los rumores en Silverdale, Norah había tomado asiento en la parte trasera de la ambulancia cuando subió. Si había habido una colisión, el consenso era que sus lesiones podrían no ser tan graves.
Paseaba inquieto, su presencia digna contrastaba fuertemente con el caótico departamento de emergencias. Enfermeras y familiares de los pacientes pasaban, robándole miradas curiosas.
Vestido con una impecable camisa blanca y elegantes pantalones negros, los anchos hombros y la fuerte cintura de Sean llamaban la atención. Sus largas piernas, combinadas con sus atractivos rasgos, lo convertían en un punto focal magnético en la habitación.
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