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Capítulo 792
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«Estos episodios de terror aún la atenazan periódicamente», explicó el médico. «Su mente parece atrapada en aquella noche en que intentaron agredirla. El Sr. Brooks puede calmarla porque ella lo asocia con su rescate».
«¿En serio?», preguntó Yvonne con una sonrisa irónica. «¿No fui yo quien la salvó?».
El médico se movió incómodo. «Bueno, el Sr. Brooks es en quien ella se ha fijado como la persona a la que ama».
Yvonne asintió y dijo: «Ahora que entendemos el desencadenante de sus miedos, podemos orientar el tratamiento en consecuencia. La terapia electroconvulsiva que propuso antes podría ser nuestra mejor opción. Vamos a observarla durante dos días más. Si no vemos ninguna mejora, seguiremos con el plan de tratamiento que usted recomienda… Shane, ¿qué opinas?».
—Me remito al criterio de la doctora. No tengo ninguna objeción —dijo Shane.
«Muy bien». Yvonne lo miró fijamente. «Por favor, acompaña a la Sra. Santos a su habitación para que descanse. Nuestra presencia podría aumentar su ansiedad».
Shane mantuvo la mirada fija en Yvonne antes de asentir finalmente.
Aunque había sido el consuelo de Marsha durante los últimos días, lo había hecho por pura necesidad médica.
Pero la sugerencia de Yvonne le hizo sentir que la estaba empujando hacia Marsha, y ese pensamiento se instaló como un peso frío en su pecho.
Después de descansar dos días, Yvonne, preocupada por el Grupo YS, no se quedó mucho tiempo y se fue directamente a casa a trabajar en el estudio.
Al cabo de un rato, unos suaves golpes resonaron en la silenciosa habitación.
Entonces, Shane entró.
—¿Ya has vuelto? —Yvonne le dirigió una breve mirada—. ¿Cómo está la señora Santos?
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—Está dormida —respondió Shane.
«Bien». Yvonne volvió a centrar su atención en los documentos que tenía delante.
—Yvonne, tengo que decirte algo —dijo Shane.
—Adelante —respondió Yvonne.
Justo cuando Shane abrió los labios para hablar, el teléfono de Yvonne rompió el momento con su estridente timbre.
«Voy a contestar», dijo Yvonne a Shane.
La voz de Willie se escuchó a través del teléfono, poniéndola al tanto de asuntos urgentes de negocios.
Cuando Yvonne terminó la llamada, se volvió y vio que el estudio estaba vacío: Shane se había marchado en silencio.
No le dio importancia y volvió a sumergirse en el trabajo.
Al cabo de un rato, otro golpe en la puerta interrumpió su concentración.
«Adelante», dijo Yvonne.
La puerta se abrió con un chirrido, dejando ver un rostro familiar.
—¡Yvonne!
—Rodney, pasa. —La sorpresa se reflejó en la voz de Yvonne—. ¿Qué te trae por aquí?
«Vengo en nombre de la familia Smith con un regalo para el recién nacido de Marc». Rodney entró con aire familiar. «¿Cómo estás, Yvonne?».
—Bien —respondió Yvonne.
«¿De verdad?», preguntó Rodney con una sonrisa cómplice. «Pero Marc me ha dicho que has trabajado hasta enfermar».
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