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Capítulo 775
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A altas horas de la noche, un estruendo ensordecedor sacudió a Adelyn de su inquieto sueño.
Abrió los ojos de golpe y sintió que el corazón le latía con fuerza contra el pecho.
Últimamente, sus noches habían estado plagadas de pesadillas ineludibles, cada una más inquietante que la anterior.
Si no hubiera sido por el estruendo del trueno, quizá habría seguido atrapada en el oscuro paisaje onírico de esa noche.
La mirada de Adelyn se posó en el sofá vacío junto a su cama.
Aunque le habían asignado una criada para que la vigilara, Adelyn la había despedido, ya que no quería molestar a nadie con sus noches inquietas. Con movimientos cuidadosos, se levantó de la cama con su cuerpo embarazado y se dirigió al cuarto de baño.
El embarazo había aumentado sus visitas nocturnas al baño, lo que la había llevado a limitar la ingesta de agua por la noche.
Al cabo de un rato, cuando terminó de lavarse las manos y se giró para salir del baño, su pie resbaló de repente sobre las baldosas resbaladizas.
Un grito de dolor escapó de sus labios al caer al suelo. Instintivamente, se acunó el vientre hinchado.
Al instante siguiente, un dolor punzante le atravesó el abdomen.
El terror se apoderó de su corazón cuando sus dedos quedaron cubiertos de sangre.
«¿Hay alguien ahí fuera?», gritó Adelyn entre oleadas de dolor, con la voz tensa y desesperada.
Pero la naturaleza conspiró contra ella: los truenos ahogaron sus gritos, mientras que el excelente aislamiento acústico de la casa resultó ser una barrera cruel. En plena noche, con toda la casa sumida en un sueño profundo, sus gritos no fueron escuchados.
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Luchando contra el dolor, se arrastró fuera del cuarto de baño y se acercó poco a poco al teléfono que estaba en la mesita de noche.
Sus dedos se cerraron alrededor del teléfono con un alivio desesperado mientras lo desbloqueaba rápidamente para llamar a Marc.
El teléfono sonó sin cesar hasta que alguien finalmente respondió.
—Marc… —comenzó Adelyn con voz débil, pero fue interrumpida por la dulce voz de una mujer—. Hola, ¿quién es?
Adelyn se quedó paralizada por un momento. Pensando que se había equivocado de número, miró la pantalla, pero allí estaba el nombre de Marc. Su corazón se hundió en un instante.
Sin embargo, su situación era demasiado grave como para detenerse en la identidad de la mujer.
A través de los dientes apretados y el dolor creciente, logró decir: «¿Dónde está Marc? Por favor, déjeme hablar con él».
«¿Y quién es usted?», preguntó la mujer.
«Soy Adelyn», respondió rápidamente Adelyn.
«Marc», gritó la mujer, «ha llamado alguien llamada Adelyn. Quiere hablar contigo…».
Adelyn se esforzó por escuchar entre los ruidos del otro lado, pero los truenos lo ahogaron todo.
«Lo siento», dijo la mujer al volver a hablar. «Marc ha bebido demasiado. ¿Podría llamarlo mañana?».
«Pero yo…», comenzó Adelyn, pero la interrumpió la risita de la mujer.
—Marc, compórtate… ¿No has tenido ya suficiente?
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