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Capítulo 511:
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Exhaló un suspiro y dejó caer los hombros. —Estoy agotada. ¿Podemos dejar este tema por ahora?
Farley asintió. «Está bien. Ve a descansar».
Yvonne consiguió dormir dos horas. Cuando se despertó, Emily seguía dormida.
Después de refrescarse, salió de la habitación y se encontró a Lydia allí con un abundante desayuno.
«Son todas tus cosas favoritas», dijo Jessa con cariño. «La señora Brooks se fue a casa anoche y pidió al chef que preparara todo tal y como te gusta. Cómelo mientras esté caliente».
Yvonne miró a Lydia, con una mezcla de emociones reflejadas en su mirada. —Gracias.
—Siéntate y come —la animó Lydia—. Farley, tú también deberías comer. Espero que la comida sea de tu agrado.
Farley sonrió mientras se sentaba. —No soy exigente. Gracias, señora Brooks.
—Si hay alguien que debe dar las gracias, esa soy yo —respondió Lydia con sinceridad—. Gracias por cuidar de Yvonne y Emily.
«Es lo que debía hacer», respondió Farley.
Por el rabillo del ojo, Farley vio que Shane entraba en la habitación. Aprovechó la oportunidad y dijo: —Señor Brooks, ¿le importaría llevar a Yvonne a casa para que coja ropa limpia y algunos de los juguetes favoritos de Emily?
Shane miró a Yvonne. «De acuerdo».
Yvonne bebió un sorbo de sopa en silencio.
Ella se dio cuenta de las intenciones de Farley. Quería crear una oportunidad para que ella y Shane estuvieran a solas.
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Pero ella creía que él no lo entendía: esos momentos no tenían ningún sentido.
Después del desayuno, Shane llevó a Yvonne en coche fuera del hospital. Agotada, Yvonne cerró los ojos y el zumbido del motor la arrulló hasta que se quedó dormida.
Cuando despertó, el coche se había detenido frente a Serenity Villa.
Parpadeó. —Se suponía que íbamos a la finca de la familia López. ¿Por qué estamos aquí?
Shane respondió: «Pareces agotada. Entra, date una ducha y descansa de verdad».
«Emily sigue en el hospital. No voy a poder dormir bien», dijo Yvonne.
«Entonces al menos date una ducha. Te sentará bien», respondió Shane.
Yvonne dijo: «Puedo ducharme en la finca de la familia López».
Shane bajó la voz, con tono bajo e inflexible. «Yvonne, esta es tu casa. No me hagas repetirlo».
Yvonne no discutió más y salió del coche.
No se había duchado la noche anterior y se sentía un poco incómoda por ello.
Arriba, en el dormitorio principal, todo seguía igual, congelado en el tiempo desde que Yvonne se había marchado tres años atrás.
Yvonne cogió ropa limpia y entró en la ducha. El agua caliente alivió su cansancio, pero no la pesadez de su corazón.
Cuando salió, Shane también se había cambiado, probablemente después de ducharse en la habitación contigua.
—Vamos —dijo Yvonne.
—Yvonne —Shane la agarró del brazo—. Cuando Emily salga del hospital, ¿volveréis a vivir aquí?
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