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Capítulo 336:
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El primer hombre con el que tuvo intimidad.
Todos los momentos cruciales de su vida comenzaron con él.
Shane sintió un nudo en la garganta. «Yvonne… No me mientas».
La mirada de Yvonne se encontró con la de él, sin vacilar. «No te miento. Nunca he sentido nada por Nelson. Tú nunca has sido un sustituto para él».
Respiró temblorosamente y sus palabras atravesaron las dudas de él como una navaja. «Shane, te amo. Solo a ti».
Shane sintió que sus defensas se derrumbaban. Sus emociones, tan cuidadosamente reprimidas, surgieron con fuerza imparable. Sin decir nada más, la atrajo hacia sí y sus labios se fundieron en un beso.
En ese momento, nada más importaba. Todas las emociones que habían enterrado, todas las verdades que habían evitado, quedaron al descubierto entre ellos.
Yvonne cerró los ojos y las lágrimas trazaron delicados surcos por sus mejillas. Cuando finalmente se separó, respiraba entrecortadamente. «No puedo respirar», murmuró.
Shane se rió entre dientes, un sonido bajo y reconfortante. —Entonces, vamos a casa.
—¿A Serenity Villa? —preguntó Yvonne con un puchero juguetón—. Ni hablar. ¿Quién sabe cuántas mujeres has escondido allí? ¿Y si esta vez me abre la puerta otra persona?
Shane soltó una carcajada mientras se acercaba para pellizcarle la mejilla. —Los celos te sientan bien, mi amor.
Yvonne giró la cabeza con exagerada rebeldía. —Ríete una vez más y…
—¡Me voy!
—Está bien, está bien —respondió Shane, con los ojos aún brillantes de diversión. Luego, su expresión cambió y su mirada se volvió seria. Su voz era sincera cuando dijo: —Yvonne, prométeme que nunca volverás a dejarme.
El corazón de Yvonne se estremeció, sus palabras despojándola de sus defensas.
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Ella parpadeó y respondió: «Lo prometo».
Sin dudarlo, se puso de puntillas y volvió a besarle.
Shane le acarició la nuca con la mano, convirtiendo su suave beso en algo más profundo.
El coche parecía vibrar con el calor entre ellos, el aire se volvió denso de pasión.
Cuando el beso finalmente terminó, tanto Shane como Yvonne estaban sin aliento.
«Vamos a casa, ¿vale?», dijo Shane.
Las mejillas de Yvonne estaban sonrojadas. «En realidad, quiero ir al Grupo YS».
«Como quieras», respondió Shane.
Media hora más tarde, entraron en el imponente edificio del Grupo YS.
En cuanto se cerró la puerta de la oficina, Shane atrajo a Yvonne hacia sí y la besó de nuevo.
La llevó hasta el escritorio, con las manos firmes en sus caderas, como si la estuviera anclando a él. La intensidad del momento aumentó, pero se detuvo cuando se dio cuenta de que no llevaba condones.
«Voy a comprar unos condones», dijo Shane.
Pero Yvonne le rodeó la cintura con las piernas y lo atrajo hacia sí.
«Yvonne…». Shane la miró fijamente, dividido entre la razón y la profundidad de su deseo. Yvonne tomó la iniciativa y lo guió dentro de ella.
Shane contuvo el aliento.
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