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Capítulo 272:
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En los últimos dos años, cada vez que se encontraba con Shane en este tipo de eventos, sus interacciones se limitaban a un breve saludo con la cabeza.
El único tema que podían tener era Yvonne, y Shane claramente prefería evitarlo.
La llegada de Shane causó un gran revuelo.
Kinslee no pudo evitar darse cuenta de que, en los últimos dos años, la presencia de Shane se había vuelto aún más imponente y fría.
Cada uno de sus movimientos parecía irradiar un aura distante y gélida, manteniendo a raya a cualquiera que quisiera acercarse a él.
Aun así, siempre había unos pocos con la audacia suficiente para probar suerte.
—Señor Brooks.
Una joven, con un vestido que dejaba poco a la imaginación, se acercó a Shane con una copa de vino en la mano.
—He oído hablar mucho de usted. ¿Me haría el honor de compartir una copa conmigo?
Shane solo le dedicó una mirada fugaz, sin mostrar ningún interés. «Mi esposa es bastante estricta. No me permite beber».
La sonrisa de la mujer se desvaneció. «Pero, señor Brooks, ¿no está divorciado?».
La mirada de Shane se volvió más fría. «¿Quién te ha dicho eso?».
La mujer se sintió incómoda. «Es lo que se rumorea».
«No puedes creer todo lo que oyes. Mi esposa está en el extranjero, pero me llama todas las noches para saber cómo estoy», dijo Shane.
«Ya veo», respondió la mujer.
Shane la despidió por completo y dirigió su atención a otra parte. Se dirigió hacia Kohen con paso firme.
—Señor Prescott, mi abuela está fuera de la ciudad, pero quería enviarle sus mejores deseos para su cumpleaños.
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—Lydia siempre es tan considerada —dijo Kohen con una sonrisa—. Por favor, siéntate.
—Lo siento. Tengo otros asuntos que atender, así que me voy ya —dijo Shane.
—No te entretendré —dijo Kohen con una sonrisa.
Shane asintió secamente y se dispuso a marcharse, pero en ese momento, la voz de Kinslee, llena de emoción, llamó su atención. —¡Yvonne!
Shane se quedó paralizado por un momento. Luego, se volvió lentamente.
En la entrada, Yvonne entró con paso firme, irradiando confianza en cada paso. Llevaba un vestido color crema perfectamente entallado, combinado con unos tacones a juego que resonaban suavemente contra el suelo pulido.
Los ojos de Shane se abrieron como platos.
Un deseo, por muy intensamente reprimido, se negaba a desaparecer. Al volver a ver a Yvonne, Shane sintió claramente que sus dos años de esfuerzo por olvidarla habían sido en vano.
Los recuerdos surgieron en su mente como un maremoto, arrasando sin piedad el dique de autocontrol que había construido con tanto esfuerzo.
Su corazón latía con fuerza, traicionando sus emociones.
Kinslee se abalanzó hacia delante, con una emoción palpable, y envolvió a Yvonne en un abrazo. Las lágrimas brillaban en sus ojos, pero, dada la ocasión, se negó a dejarlas caer. —¿Por qué no me dijiste que volverías? ¡Te habría recogido!
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