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Capítulo 194:
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«Sí, tengo que ir a ver cómo está Nelson», respondió Yvonne.
«Ya he pedido a alguien que lo vigile. Aún no ha recuperado la conciencia, deberías seguir descansando», dijo Shane.
Yvonne asintió. «Entonces iré a ver cómo está más tarde».
«Le diré a Zoey que te prepare algo de comer», dijo Shane.
Aunque Yvonne no tenía mucho apetito, logró comer unos bocados y, ante la insistencia de Shane, terminó un plato de sopa nutritiva. A pesar de no tener noticias sobre la recuperación de Nelson, Yvonne siguió visitando el hospital.
A través de las paredes de cristal de la unidad de cuidados intensivos, observó el cuerpo inmóvil de Nelson. Aunque había sobrevivido al peligro inmediato, no se sabía cuándo despertaría.
«Sé fuerte, Nelson», murmuró Yvonne. «Tu madre querría que fueras fuerte y superaras esto…».
Nelson finalmente despertó al cabo de tres días.
Yvonne se llevó las manos a la cara y lágrimas de alegría le resbalaron entre los dedos.
«¿Por qué lloras, tonta?», dijo Nelson con su habitual voz cálida. «No voy a ir a ninguna parte…».
«¡Por favor, no digas esas cosas!», dijo Yvonne mientras se secaba las lágrimas apresuradamente, con el corazón aún destrozado por el miedo. «No vuelvas a asustarme así nunca más».
«Te lo prometo», respondió Nelson.
Yvonne dijo: «A partir de ahora, te cuidarás bien. Te ayudaré en tu recuperación».
Una sombra de su familiar sonrisa se dibujó en el rostro de Nelson. —Eres realmente la mejor.
La sonrisa de Yvonne brilló a través de sus lágrimas persistentes. «Déjame traerte algo de comer».
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Más tarde, esa misma noche, después de asegurarse de que Nelson había caído en un sueño tranquilo, Yvonne regresó a Fairview Gardens.
Shane la esperaba en la sala de estar, y su presencia era un consuelo después del largo día. «¿Cómo está Nelson?», preguntó.
Yvonne se sentó a su lado, con el cansancio evidente en sus movimientos. —Ha perdido mucha fuerza. La recuperación llevará tiempo y paciencia.
Shane le acarició el pelo con ternura. —Estás agotada. Deberías descansar.
Yvonne se acurrucó en sus brazos, buscando fuerzas en su calor. —Shane, ¿no tienes que empezar a trabajar pronto?
—No has descansado lo suficiente estos últimos días. Me quedaré en casa contigo un rato más —respondió Shane. Sus palabras envolvieron el corazón de Yvonne como una cálida manta.
«Shane, eres muy bueno conmigo».
Shane le dio un suave beso en la frente. «Ahora duérmete».
«Vale», respondió Yvonne.
Llevaba días sin dormir bien, despertándose a menudo con pesadillas sobre la muerte de Nelson. Pero justo cuando por fin había conseguido conciliar el sueño, una llamada inesperada rompió su reposo.
El identificador de llamadas hizo que Yvonne se detuviera, pero finalmente respondió.
—¿Sr. Brooks, me necesitaba? —preguntó Yvonne.
—Venga al hospital del Grupo Brooks, Yvonne —dijo Theodore.
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