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Capítulo 859:
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«Vale».
Dulce había imaginado que la cena sería para llevar o tal vez algo preparado por un sirviente, por lo que se sorprendió al descubrir al propio Michael afanándose en la cocina.
El ritmo constante de los sonidos de la cocina llegó a los oídos de Dulce, el picar casi como una melodía relajante.
Se sintió atraída por la idea de echar un vistazo a Michael mientras cocinaba.
Sin embargo, no estaba tan emocionada como había pensado; la alegría que anticipaba se sentía extrañamente vacía.
Lacey debió de haber estado aquí antes, ¿verdad?
¿Era el dominio de Michael en la cocina algo que había perfeccionado para Lacey?
Sin embargo, Dulce se consoló con la idea de que, tal vez, era más afortunada que Fiona.
Recién salida de la ducha, Dulce se estaba secando cuando oyó llamar a su puerta.
«La cena está servida», dijo Michael.
«Vale».
Michael había puesto cuatro platos y una sopa, y mientras se quitaba el delantal para sentarse a la mesa con Dulce, seguía llevando una camisa impecable combinada con unos pulidos pantalones negros: el esposo ideal en todos los sentidos.
Al probar la cremosa sopa de langosta, Dulce casi se derritió en su silla, abrumada por su lujoso sabor. «¡Está deliciosa!».
«Me alegro de que te guste».
«¿Es una habilidad que has adquirido por tu cuenta?». La sonrisa de Michael vaciló brevemente.
La revelación de que Lacey había estado manteniendo a su anciana niñera había causado un gran revuelo. Esta niñera había sido como de la familia para Lacey, ya que la había criado desde muy pequeña, y su experiencia culinaria era perfecta para el paladar de Lacey.
Cuando la edad finalmente impidió que la niñera ejerciera su magia en la cocina, Michael había dedicado dos días a la semana a absorber sus recetas.
«Sí», afirmó Michael, la sencillez de su respuesta enmascaraba la profundidad de su compromiso.
Dulce, muy intuitiva, percibió las capas que había detrás de sus palabras y desvió su atención hacia otro de sus platos.
Abrumada por el agradecimiento, no pudo resistirse a exclamar: «¡Eres extraordinario! No solo eres apuesto, sino que tu dominio en la cocina es absolutamente asombroso».
Había pasado una eternidad desde que alguien había celebrado la maestría culinaria de Michael hasta tal punto, y aún más desde que había sentido la alegría de cocinar para otra alma.
Tras la pena de perder a Lacey, Michael había vagado por una niebla de desesperación. Sin embargo, en ese momento, mientras observaba a Dulce saboreando la comida, una calidez nostálgica lo envolvió, evocando aquellos preciados días en los que cocinó por primera vez para Lacey.
«Tómate todo el tiempo que necesites; es todo para ti». Michael sirvió otra porción de sopa en el tazón de Dulce.
Dulce no podía contener su emoción mientras devoraba la comida. Al ser la primera vez que Michael cocinaba para ella, decidió terminárselo todo, sin importar el costo para su apetito.
Después de la cena, Michael le preguntó a Dulce si quería algo de fruta.
Absorta en un programa de televisión, Dulce respondió sin pensarlo mucho: «Claro».
Ante ella había un gran plato rebosante de cerezas, cada una de ellas brillando con diminutas gotas de agua.
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