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Capítulo 823:
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El corazón de Michael se retorció al verla y, en contra de su mejor juicio, la siguió.
Cuando la encontró agachada en la esquina, abrazándose las rodillas, Michael sintió un nudo en el pecho.
Se quedó allí, sin palabras, sintiendo una abrumadora mezcla de culpa e impotencia.
Su mente se remontó a los recuerdos de Lacey, que también había ocultado su dolor tras una fachada, fingiendo que todo estaba bien mientras su corazón se rompía en silencio.
«¿Estás llorando?», preguntó Michael en voz baja.
Dulce negó con la cabeza, con la voz tensa por la compostura forzada. «No».
Michael se quedó en silencio, inseguro de qué decir.
Dulce no era Lacey. ¿Debería consolarla de la misma manera que había consolado a Lacey?
Al final, se quedó allí, clavado en el sitio, con el corazón oprimido por la indecisión.
Dulce se enderezó, quitándose el polvo y mostrando una sonrisa brillante, casi demasiado perfecta. —¡Estoy bien! No te preocupes, no es como si fuera el primer día que sé que no te gusto. No te volveré a molestar.
Mientras ella pasaba junto a él, Michael bajó la cabeza, con una voz llena de sinceridad a regañadientes. —No me desagradas.
Dulce se detuvo, pero Michael añadió: —Pero tú tampoco me gustas. Simplemente no siente nada por ella.
Dulce le dedicó a Michael una sonrisa suave y comprensiva. —Lo entiendo, Michael. Hay personas imposibles de olvidar, y no debería haber intentado desafiar tus sentimientos por ella. Solo espero que algún día encuentre a alguien tan devoto a mí como tú lo estás a ella.
Sus palabras estaban llenas de anhelo, y cuando se dio la vuelta para irse, se despidió con una sonrisa agridulce.
Michael la vio irse, sintiendo una extraña pesadez en el pecho.
Después de la pausa, pensó que nunca volvería a ver a Dulce, pero para su sorpresa, reapareció con un aire seguro, casi despreocupado, dispuesta a presentarse justo después del discurso de su mentor.
Dulce habló de su campo con tanta facilidad y convicción, presentando conceptos que parecían adelantados a su edad, innovadores para alguien tan joven. Michael echó un vistazo a las notas del técnico, donde vio escrito el nombre de Dulce.
El técnico, al notar la mirada de Michael, tachó rápidamente el nombre con su bolígrafo, y su rostro se sonrojó mientras murmuraba: «Lo siento, solo quería hacerle algunas preguntas más tarde».
Michael fingió no darse cuenta del rostro sonrojado del técnico, respondiendo con un simple e indiferente «Hmm».
La conferencia estaba programada para durar tres días, y el segundo día, todos estaban listos para tomar un autobús para visitar una base en las afueras.
No muy lejos de la base, los restos de un antiguo lanzacohetes se extendían a lo largo de varias docenas de metros cuadrados, una vista impresionante.
El autobús se detuvo en un campo abierto y, cuando Dulce bajó, Michael la oyó toser varias veces.
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