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Capítulo 819:
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Creía que todos, sin importar sus circunstancias, deberían brillar como estrellas en el vasto universo, libres e independientes.
La galaxia se extendía, llena de demasiadas historias de amor dolorosas e inconclusas. No podía entender por qué Michael había elegido ahogarse en su dolor cuando aún tenía la oportunidad de ser feliz.
—¡Michael! —gritó Dulce con todas sus fuerzas, manteniéndose firme a pesar del dolor.
Michael se detuvo en seco, levantando la cabeza como si hubiera oído la voz de Lacey llamándolo desde un tiempo lejano, lejano pero dolorosamente familiar.
Una sensación de desesperación se apoderó de él.
Sabía que era solo una ilusión, pero la atracción era tan fuerte que no pudo evitar darse la vuelta, esperando que Dulce fuera Lacey.
Dulce se encontró con su mirada, su voz firme pero llena de compasión. «La persona que amabas se ha ido. Está muerta. Pero tú sigues aquí. ¡Sigues vivo! ¡Despierta! ¡Ella querría que vivieras plenamente, que fueras feliz!».
Michael se quedó paralizado, incapaz de responder, con la mente nublada.
Por primera vez, sintió que su convicción flaqueaba, que la ilusión se resquebrajaba.
Y en ese momento, se dio cuenta de que tal vez no estaba tan dedicado a Lacey como siempre había creído.
Al final, Fiona tomó el brazo de Michael y le dijo: «Michael, vamos a casa».
Mientras conducían de vuelta, Fiona mantuvo la vista en la carretera, con el volante bien sujeto, mientras Michael yacía desplomado en el asiento del pasajero, con el rostro enterrado en las manos.
Había perdido por completo el interés en buscar a la mujer que había pasado la noche con su marido.
«Michael, ¿traicionaste a mi hermana? Esa chica…»
Antes de que Fiona pudiera terminar, la voz de Michael rompió el silencio.
La impaciencia teñía sus palabras. «¿Estar con otra persona significa automáticamente que la he traicionado?».
Fiona pisó el freno. —Prometiste que nunca te divorciarías de mi hermana. ¡Dijiste que la amabas! No ha pasado tanto tiempo desde que se fue. ¿Cómo es posible que ya no la ames?
Aunque Lacey se hubiera ido, Michael debería seguir teniéndola en su corazón.
Si Michael estuviera con otra persona, su historia con Lacey sería cosa del pasado.
Y eso haría que su divorcio no tuviera sentido.
Nadie la protegería más y no tendría a nadie en quien confiar. Temía que si Michael estaba con otra persona, ya no se preocuparía por ella.
Michael no encontraba las palabras para responder.
El silencio en el coche era denso, sofocante, cada respiración se sentía como si le desgarrara el pecho.
Ya no quería hablar, pero la voz de Fiona llenó el espacio, persistente y pesada.
«Michael, me ayudarás, ¿verdad? Prometiste que cuidarías de mí después de que mi hermana falleciera».
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