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Capítulo 816:
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«¡No, no! Me divorciaré de él, definitivamente lo haré».
El divorcio había sido una sugerencia de Michael y, después de eso, Michael no la dejaría.
Fiona compró una pequeña cámara y, siguiendo el consejo del abogado, comenzó a reunir pruebas.
Mientras su marido dormía, revisó sus facturas telefónicas y encontró registros de estancias en hoteles, más de una vez.
Algunas estancias fueron incluso durante el día y por períodos cortos.
Solo pensar en acostarse junto a un hombre que le había sido infiel innumerables veces hacía que Fiona sintiera asco y le diera vueltas el estómago.
El abogado le explicó que fotografiar las facturas no era suficiente. Fiona necesitaba registrar la información del nombre real del teléfono para confirmar la identidad de su marido.
Poco a poco, Fiona se fue haciendo más experta en esta tarea secreta.
Una noche, Fiona vio a su marido arreglándose frente al espejo, aplicándose gel para el cabello, colonia y ambientador bucal.
Llevaba la camisa que ella le había comprado, la que siempre le había dicho que le quedaba bien.
Mientras Fiona acostaba al niño, le preguntó casualmente: «¿Adónde vas tan tarde?».
«Ha llegado un cliente del extranjero inesperadamente. Tengo que ir a recibirlo».
El resentimiento de Fiona brotó y su tono se volvió frío. «El cliente es una mujer, ¿verdad?».
«¿Qué te pasa? Siempre pensando en lo peor, qué mezquino. No paras de ponerte celoso. ¿No tienes otra cosa en la cabeza?».
Fiona sintió un dolor agudo por sus palabras, cada una de las cuales penetraba más profundamente en su alma, destrozando su autoestima pieza por pieza.
Lo vio alejarse, con lágrimas silenciosas cayendo libremente por sus mejillas. Cuando se puso en contacto con el abogado por primera vez, no estaba segura, atrapada en la incertidumbre de si realmente podría llevar a cabo un divorcio. Se había preguntado si podría soportar las consecuencias, la soledad, las repercusiones.
Pero con cada nueva información que descubría, el lado más oscuro de su marido se hacía innegable.
Ahora, el divorcio no era solo una opción, era una necesidad, un deseo ardiente.
Ya no solo quería dejarlo, quería que lo perdiera todo. Ansiaba la custodia total de su hijo y estaba decidida a destruir la reputación de su marido, a exponerlo frente a sus amigos y familiares.
Pero incluso cuando su mente solidificó el plan, su corazón vaciló.
Cuando se casaron, él le había prometido el mundo, pero no tardó mucho en cambiar.
Las mujeres a menudo sentían la necesidad de demostrar su valía, de compararse, y en ese momento, Fiona se preguntó por la mujer con la que él estaba esa noche.
¿Qué tenía la mujer que ella no tenía? ¿Era la mujer más seductora que ella?
¿Era la mujer más hermosa?
¿Más cautivadora?
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