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Capítulo 786:
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En lugar de responder, Joelle lo miró fijamente, con una mirada de profunda traición.
«Llevas años trabajando para la familia Miller. Siempre te han tratado bien. ¿Cómo has podido traicionar su confianza?».
Con una sonrisa arrepentida, el médico respondió: «No lo entiendes. Estoy ahogándome en deudas; nunca podría pagárselas trabajando para la familia Miller toda mi vida. Cuando hay mucho en juego, la lealtad pasa a un segundo plano».
Levantando la mirada desafiante, continuó: «Pero, ¿de verdad crees que esto termina aquí? En el momento en que el Sr. Miller puso sus ojos en el Monte Everest, la suerte estaba echada. La caída de la familia Miller es inevitable, con o sin mi ayuda».
En ese momento, el grito desgarrador de Molly resonó por toda la casa.
«¿Lo ves?», se jactó el hombre con confianza. «Con usted como moneda de cambio, el señor Miller también está bajo nuestro control. Podemos ganar una parte sustancial de esa vasta herencia».
«¿De verdad?», irrumpió Callan de repente, cogiendo al doctor con la guardia baja. La niñera, a la que había colocado cuidadosamente para su plan, estaba ahora bajo el control de Callan.
«¡Doctor! ¡Ayúdeme!».
Aunque Molly estaba llorando, era simplemente porque la habían despertado bruscamente.
El doctor se desplomó de rodillas, desesperado.
Tanto él como la niñera, meras herramientas en su plan, habían perdido ahora su valor. Su estrategia original había sido administrar un sedante a Joelle, inventar una excusa para llevársela y confiar en que la niñera se llevaría discretamente a Molly en un momento de distracción.
Ahora, sus intrincados planes estaban en ruinas.
El rostro de Joelle permaneció impasible. «Callan, llévalos al sótano para un interrogatorio en profundidad».
«Entendido».
El hombre levantó la vista hacia Joelle, desafiante pero derrotado. «¿Cuándo empezaste a sospechar de nosotros? ¿Dónde nos equivocamos?».
«No cometisteis ningún error, pero no confío en nadie aquí más que en mí mismo. Vuestra traición no es nada sorprendente. Probablemente tengas razón. El aliciente de una gran recompensa anima a hacer movimientos atrevidos. Supongo que ahora no te arrepientes de tus acciones».
Esa noche, los ecos de los gritos del sótano eran implacables. Joelle se quedó despierta, esperando cualquier novedad.
Quizá en el siguiente momento, Adrian se pondría en contacto con ella.
Su cansancio no era del todo fingido.
En el silencio, sin la tranquilidad de Adrian, su mente divagó hacia las posibilidades más oscuras.
Joelle esperó la llegada de Shawn.
«He oído que te ha pasado algo», dijo Shawn al llegar.
«Solo estoy lidiando con unos traidores molestos», respondió Joelle.
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