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Capítulo 752:
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Los ojos de Fannie se dirigieron a las marcas que adornaban el cuello de Bobby y a los arañazos en su pecho, pruebas innegables de su pasión.
«¿Novio y novia?», se aventuró a decir ella, con voz vacilante. Una amplia sonrisa se extendió por el rostro de Bobby mientras le daba una cariñosa palmada en el trasero. «Sí, mi novia».
Aún envuelta en su abrazo, Fannie yacía allí, con la mente dando vueltas al darse cuenta de que ahora eran pareja.
Siempre se había imaginado momentos así con Bobby, pero la realidad se desarrolló en una mañana sencilla y rutinaria.
«No estarás jugando conmigo, ¿verdad?», preguntó con un toque de duda en la voz.
Bobby le dio un abrazo en el hombro para tranquilizarla. «Anoche me entregué en cuerpo y alma. ¿Cómo puedes seguir dudando?».
De hecho, la noche anterior había sido una locura para ambos, no solo para Fannie.
Ella había estado inquieta por las posibles quejas por ruido del apartamento de abajo, pero afortunadamente, la lluvia persistente había amortiguado sus sonidos de pasión.
«¿Aún no estás convencida?», Bobby la subió a su regazo, su mano firme asegurándola por la cadera. «Entonces supongo que tendremos que seguir hasta que lo estés».
«¡No!», la protesta de Fannie fue inmediata, recordando sus encuentros anteriores. «¡Te creo, de verdad que sí!».
Se levantó rápidamente, se apresuró a recoger los objetos esparcidos por el suelo y cogió una toalla, dirigiéndose a la ducha.
Después de refrescarse, fueron interrumpidos por un golpe en la puerta. Era el amigo de Bobby, que miraba dentro. «Oye, Bobby, no tienes cobertura, ¿verdad?».
Una rápida mirada a su teléfono lo confirmó: no había cobertura. Fannie bajó la mirada, un rubor de vergüenza tiñó sus mejillas.
Pero el amigo de Bobby estaba demasiado preocupado como para notar cualquier incomodidad sobre su estancia de una noche. «Es Katherine, me ha llamado. ¡Joelle está de parto!».
«¿Qué? ¿Pero no le quedaban dos días?».
No se parecía al último parto de Katherine, que no había sido tan abrupto. A medida que la noticia calaba, una ola de urgencia borró la expresión en blanco de Bobby.
Fannie se adelantó, con voz tranquila y tranquilizadora. —Bajemos ahora mismo de la montaña. Ha dejado de llover, pero las carreteras pueden estar resbaladizas. Por favor, tengan cuidado.
Con un firme asentimiento, la amiga de Bobby declaró: —¡Entendido! Voy a despertarlos ahora mismo.
Mientras Fannie recogía la chaqueta de Bobby, su tono era pragmático.
«Pongámonos en marcha. Yo me encargo de conducir y tú habla con Joelle».
«Vale».
El parto se cernía sobre ellos. Bobby, que estaba cerca de Joelle, estaba comprensiblemente ansioso, aunque se las arregló para mantener la compostura.
Con Fannie a la cabeza, descendieron todos tranquilamente de la montaña, formando una impresionante caravana.
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