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Capítulo 692:
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Cuando los médicos declararon oficialmente fallecida a la abuela de Fannie, la pena se apoderó de ella. Afortunadamente, Selma estaba allí para apoyarla y consolarla.
En medio de la confusión, nadie tuvo tiempo de prestar atención a Bobby. Estaba a punto de marcharse, pero se detuvo tras unos pasos para volver a mirar a Fannie.
Comprendía demasiado bien su dolor y le resultaba insoportable permanecer en el hospital, rodeado por el peso de la pena.
Al salir del hospital, Bobby se retiró a la soledad de su coche. Mientras se sentaba al volante, su mente se remontó al día en que había fallecido su propia abuela. Cuando los médicos habían dado el aviso crítico, sus padres estaban fuera de la ciudad y no pudieron volver a tiempo. Bobby acababa de terminar la escuela primaria y no estaba preparado para la pérdida que le golpearía tan inesperadamente.
Bobby no era rebelde por naturaleza.
Sólo después de la muerte de su abuela empezó a estar resentido con el mundo y con sus padres, en quienes ni siquiera podía confiar para recibir apoyo emocional. Bobby recordaba estar sentado solo en el pasillo del hospital después de que el médico declarara muerta a su abuela.
En aquel momento, nunca se había sentido tan solo, con el corazón afligido y abandonado.
Estaba en la escuela secundaria cuando su vena rebelde se intensificó.
Lo peor fue cuando, durante una acalorada discusión, les gritó a sus padres con el corazón herido: «¿Cómo esperáis que os respete o cuide cuando ni siquiera pudisteis hacerlo por mí o por la abuela cuando se estaba muriendo?».
A medida que crecía, Bobby fue aceptando su doloroso pasado.
Esta parte de su vida le abrió los ojos a la dura verdad. No se podía confiar en la gente porque al final se irían.
Bobby echó la cabeza hacia atrás y se tapó los ojos con la mano, con un cigarrillo colgando entre los dedos. Permaneció allí un rato antes de marcharse finalmente.
El funeral de la abuela de Fannie duró siete días.
Cuando terminó, Fannie había perdido mucho peso. Entre quedarse despierta toda la noche para el velatorio y atender a los invitados, apenas tenía tiempo para descansar.
Incluso cuando intentaba descansar, la idea de la muerte de su abuela pesaba tanto en su corazón que no podía dormir.
El último día del funeral, su madre la apartó para hablarle de la bondad de Jett. «Cuando todo esto acabe, dale las gracias como es debido en nombre de todos nosotros, ¿vale?». Fannie no tenía energía para pensar en esas cosas, pero para evitar los insistentes recordatorios de su madre, aceptó a medias.
Después del funeral, Fannie se marchó en el coche de Jett.
«¿Estás cansada?», le preguntó él, cogiéndole la mano. «Deberías descansar un poco. Te despertaré cuando lleguemos».
Fannie le miró, con los pensamientos pesados. No es que no quisiera agradecérselo a Jett: había visto todo el esfuerzo y la ayuda que había prestado en los últimos días.
Pero para Fannie, la gratitud iba más allá de las palabras. Si alguna vez Jett necesitaba ayuda, ella haría todo lo posible por apoyarle.
«Gracias por todo, Jett. Te debo una».
«No hace falta que me des las gracias».
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