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Capítulo 691:
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«No perdamos tiempo. Tu abuela te necesita». Antes, durante el trayecto en coche, Bobby había escuchado atentamente cómo Fannie le explicaba el estado de su abuela, y su semblante se volvía más sombrío con cada palabra.
La llevó en brazos hasta el ascensor y sólo la bajó cuando llegaron a la planta de su abuela.
En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, Fannie salió corriendo, escudriñando el pasillo en busca de la habitación adecuada. Sus primos no tardaron en verla.
«¡Fifi! Ven aquí!», gritaron.
Fannie se apresuró a acercarse, con voz preocupada. «¿Cómo está la abuela?
«Ha estado preguntando por ti. Eres la última a la que espera ver».
Mientras Fannie se abría paso entre los miembros de la familia que se agolpaban en la habitación, el peso de la situación se asentó pesadamente sobre sus hombros.
Fannie sabía que el momento de su abuela acabaría llegando, pero nunca imaginó que lo haría tan repentinamente. Los presentes le abrieron paso y Fannie se acercó a la cama de su abuela, arrodillándose.
«Abuela, soy yo, Fifi».
Su abuela ya estaba inconsciente, con los ojos desenfocados. Sus primas habían dicho que la había estado buscando, pero en realidad nadie podía entender las palabras que intentaba decir.
Fannie agarró con fuerza la mano de su abuela, luchando contra las lágrimas.
«¡Abuela, soy yo, Fifí!», dijo levantando la voz, pero su abuela no se movió. A Fannie se le retorció el corazón cuando el silencio llenó la habitación.
Bobby, que se había quedado atrás, absorto en la señalización del hospital, se sobresaltó al oír el grito de angustia de Fannie.
«¡Abuela!»
Los sombríos lamentos de la familia de Fannie resonaron en el pasillo.
«¡Mamá!»
«¡Abuela!»
El sonido de la pena era abrumador, llenando el aire y arrastrando a Bobby a un recuerdo doloroso: el fallecimiento de su propia abuela, justo antes de entrar en la escuela secundaria.
Se quedó helado, con un dolor familiar hinchándose en su pecho al verse arrastrado por la marea de llantos lastimeros. En ese momento, un transeúnte apresurado chocó contra él, sacudiéndole de su ensueño.
Los ojos de Bobby se cruzaron con los del desconocido, que dio un paso atrás, sorprendido.
«¿Bobby? ¿Qué haces aquí?», preguntó el desconocido.
Antes de que Bobby pudiera responder, Selma, sin aliento por las prisas, apareció y dio un fuerte empujón a Jett.
«¡Jett, no te quedes ahí parado! Ve a ver cómo está Fannie!»
Como novio de Fannie, Jett pasó por alto a los dolientes reunidos y fue directamente al equipo médico. Ambas familias habían reconocido tácitamente los planes de la pareja de casarse, por lo que su participación ahora no sólo era apropiada, sino esperada.
Selma se había apresurado a salir del set de rodaje y acudió de inmediato al lado de Fannie, ofreciéndole un hombro en el que apoyarse cuando se impuso la dura realidad.
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