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Capítulo 664:
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«¿Oh? ¿Hay alguna historia aquí?», preguntó el organizador, normalmente desinteresado por los cotilleos sensacionalistas. Fannie había negado los rumores en su momento, explicando por qué algunos podían no estar al corriente.
«No hay ninguna historia real. Los reporteros de hoy en día crean drama a partir de meras instantáneas. Creerlos sería ingenuo».
Fannie esperaba cerrar el tema, pero Bobby no había terminado.
«Cierto, no hay una historia elaborada. Pero sí que estuve en la habitación del hotel con Fifí aquella noche».
Todos los comensales se quedaron boquiabiertos, atrapados por el drama que se estaba desarrollando.
Fannie mantuvo la compostura y apretó los dedos en torno a su copa de vino mientras pensaba si mojar con su contenido la cara de satisfacción de Bobby.
Estaba claro que él estaba agitando la olla a propósito, disfrutando de la incomodidad que le causaba al exagerar la historia. A sus ojos, ella seguía siendo la chica ingenua, siempre envuelta en escándalos de los que no podía escapar.
Bobby continuó deliberadamente: «Pero no estábamos solos. También estaba allí una celebridad menor. Estábamos simplemente hablando de negocios cuando irrumpieron los periodistas».
«Así que ésa era la situación».
Finalmente, el tema llegó a su fin.
Fannie, recién llegada de un agotador viaje de negocios y recién bajada del avión, estaba demasiado agotada para seguir hablando. Sin embargo, sabía que aquella velada era crucial para el futuro de su artista. Era imprescindible establecer contactos.
Bobby, el inversor clave de la mesa, tenía la influencia que ella necesitaba. Ganárselo podría convencer a otros para que apoyaran sus proyectos.
En el mundo del espectáculo, las conexiones a menudo eran criticadas, pero resultaban esenciales para conseguir financiación, incluso para papeles menores que apenas prometían unas líneas en pantalla. Pero conseguir incluso estas pequeñas oportunidades podía suponer una gran diferencia para su artista.
Fannie levantó la copa para proponer un brindis, pero antes de que pudiera sorber, Bobby tomó la palabra.
«¿Por qué no intentas ganarte mi favor? Sería más sencillo».
Al darse cuenta de que las intenciones de Bobby se centraban firmemente en ella esta noche, Fannie abandonó todo fingimiento.
El espacio vacío junto a Bobby parecía haberla estado esperando toda la noche. Se acercó con su copa de vino y se sentó a su lado.
«Sr. Kelly, este brindis es por usted».
Cuando Fannie levantó la copa, Bobby cubrió el borde con la mano, deteniendo su movimiento. En un movimiento audaz, la acercó por la cintura delante de todos.
El torso de Fannie se inclinó involuntariamente hacia él. A pesar de sus esfuerzos por mantenerse erguida, un poco de vino salpicó el borde de la copa, escurriéndose entre los dedos de él.
El público apartó los ojos cuando Bobby, con el cigarrillo colgando de los labios, se inclinó hacia ella y susurró rozándole el oído.
«La última vez no usé protección. ¿Tomaste pastillas?»
Sólo Fannie podía oír esas palabras, pero aun así el corazón le dio un vuelco.
Ni siquiera se le había pasado por la cabeza. Y ahora era demasiado tarde para tomar pastillas.
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