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Capítulo 663:
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«Tengo que pensármelo», respondió Fannie, con un tono tranquilo pero distante.
«De acuerdo». Dulce, sin embargo, tenía otros planes. «¿Cuándo vas a presentarme a Michael?».
Fannie se pellizcó el puente de la nariz, sintiendo que le venía un dolor de cabeza. Dulce nunca había conocido a Michael y, la verdad, ni siquiera era amiga de Joelle ni de su círculo de amigos. Cuando Adrian se confesó a Joelle en público, se había convertido en una sensación nacional. A Dulce, por supuesto, no le interesaba ese drama. Estaba obsesionada con Michael.
«Michael estaba casado», explicó Fannie pacientemente. «Adoraba a su mujer, pero ella falleció. Ahora no quiere salir con nadie».
Dulce parecía imperturbable. «Me parece bien. Me gustan los hombres con historias».
«Michael es mucho mayor que tú, Dulce. Tiene la misma edad que tu tío».
En lugar de disuadirla, aquello sólo hizo que Dulce se entusiasmara más.
«¡Me gustan los hombres mayores!».
Fannie suspiró, dándose cuenta de que no iba a ganar aquella discusión, pero no dispuesta a consentir el celo fuera de lugar de su prima.
«Olvídate de él».
Sin esperar respuesta, terminó la llamada. Entre las travesuras de Jett y los caprichos de Dulce, su paciencia se estaba agotando.
Pasó una semana, y Fannie sintió un pequeño alivio cuando sus dos artistas se acomodaron cómodamente a la producción. Esa paz duró poco cuando el gran jefe volvió a llamarla, ordenándole que asistiera a una cena con un inversor para un nuevo y emocionante proyecto. Como mánager, era su responsabilidad asegurar todas las oportunidades para sus artistas.
Cuando Fannie abrió la puerta del comedor privado, se quedó inmóvil.
Bobby estaba allí, sentado a la cabecera de la mesa como si fuera el dueño del mundo. Un cigarrillo descansaba perezosamente entre sus labios mientras se reclinaba hacia atrás, con una postura que destilaba arrogancia sin esfuerzo. Cuando los demás le hablaban, respondía con parsimonia, con un tono que combinaba el desinterés con una leve diversión.
Pero en cuanto Fannie entró, se animó de inmediato.
Los ojos de Bobby brillaban con una agudeza inquietante. En ese instante, Fannie sintió el peligro, como si estuviera cayendo en una trampa cuidadosamente tendida.
Un rostro familiar la llamó, haciéndola dudar. ¿Debía fingir que no conocía a Bobby? Pero antes de que pudiera decidirse, él habló primero.
«Cuánto tiempo sin verte, Fifí».
El conocido los miró a ambos.
«¿Así que Fannie y tú os conocéis bien?».
«Más que bien», respondió Bobby, con una sonrisa socarrona que ocultaba planes más profundos.
Sus palabras recordaron a Fannie aquella noche de hacía una semana. Se había despertado de un sueño profundo, con el cuerpo dolorido, la espalda dolorida y las piernas agarrotadas. Cuando se encendieron las luces, sólo vio la cara de Bobby.
La piel aún le hormigueaba por el resplandor, una sensación que la perseguía incluso ahora.
Una oleada de calor recorrió a Fannie, pero se esforzó por mantener una expresión neutra.
«Después de todo, los rumores nos relacionan. Es natural que nos conozcamos».
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