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Capítulo 655:
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A Bobby le sorprendió la gravedad de su estado, y su corazón se aceleró al preguntarse cuánto tiempo llevaría en un estado tan desesperado. Su súplica resonó en sus oídos, despertando un caótico remolino de emociones en su interior.
Sabía que no era perfecto, que había traicionado incluso a su propia familia y que su sentido de la humanidad había desaparecido hacía tiempo.
«¿Estás segura?», preguntó, con voz grave y dura, la mirada afilada, como si se preparara para algo que no estaba seguro de tener que cruzar.
Fannie asintió con la cabeza, su aliento cálido y tembloroso le rozó el lóbulo de la oreja, que mordisqueó suavemente. Bobby no dudó. La cogió en brazos y la llevó al dormitorio con decisión, sin dejar de ser cuidadoso, pero lleno de urgencia.
«Podría llamar a un médico». Pero Fannie no podía esperar más. La droga que corría por sus venas le hacía arder la sangre.
Aferrándose con fuerza al cuello de él, fue plenamente consciente de su precario estado.
«No, doctor. Por favor, ayúdeme. Deprisa…»
Bobby empujó la puerta del dormitorio y la tumbó con cuidado en la cama. Dejó las luces apagadas, queriendo protegerla de cualquier posible vergüenza. Años de experiencia en situaciones similares le permitían moverse con precisión en la oscuridad.
Fannie no se acomodó del todo en la cama. Bobby se arrodilló ante ella, agarrándola por la cintura con mano firme. Sus besos eran intensos, casi abrumadores, pero aún no eran suficientes para ella.
Sus manos, impulsadas por una necesidad insaciable, se movieron con urgencia hacia el cinturón de él.
«¿Quieres desvestirte tú sola o debo ayudarte?». preguntó Bobby, con voz baja pero firme.
Con la cabeza echada hacia atrás, la respiración rápida e irregular, Fannie consiguió decir: «Ayúdame».
Atrapada en el torrente de su deseo desenfrenado, Fannie parecía imparable. Bobby, con el cuerpo tenso, se quedó momentáneamente helado por su intensidad. Era su primera vez, y él no lo había previsto. Fannie gritó de dolor, con los párpados fuertemente cerrados contra el mundo.
Al envolverla en sus brazos, la mente de Bobby volvió a la época en que Fannie casi había sido su novia. Su afecto por él nunca había sido superficial; siempre había sido profundo y sincero. Había acariciado aquel osito de peluche durante años. Aquel gesto le había conmovido más profundamente de lo que se atrevía a admitir.
«Seré más suave», la tranquilizó Bobby en voz baja, con voz firme.
Fannie, cubriéndose los ojos con el brazo, asintió débilmente con la cabeza.
Entonces, Bobby dijo algo que ni siquiera él había esperado pronunciar:
«Asumo toda la responsabilidad».
Volvió a sujetarla por la cintura, provocando una aguda mueca de dolor en Fannie.
«¡Jett!», gritó ella.
La sonrisa de Bobby desapareció al instante, sustituida por una expresión severa. Su presencia se hizo imponente, como una sombra que se cerniera sobre ella.
Le apartó la mano de la cara, revelando los ojos llenos de lágrimas de Fannie a la tenue luz.
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