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Capítulo 633:
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Había sangre esparcida por la escena mientras Liza era espantosamente atropellada por los vehículos que la seguían.
Dentro del coche, Wade cerró la puerta mientras el conductor aceleraba, zigzagueando entre el tráfico. Detrás de ellos, se desató el caos, todos los ojos puestos en la horrible escena, ajenos a la silenciosa huida de Wade.
Adrian gritó: «¿Joelle?».
Los párpados de Joelle se abrieron, revelando una tez pálida y ajada por la fatiga. La habitación estaba abarrotada, casi todas las caras conocidas -amigos y familiares por igual- se habían reunido a su alrededor. Sus expresiones estaban marcadas por la preocupación mientras la observaban atentamente. Adrian, el que estaba más cerca de ella, expresó su preocupación con el ceño fruncido.
«¿Estás bien? ¿Sientes dolor en algún sitio?
Agarrándole la mano con fuerza, Joelle preguntó: «¿Dónde está Ryland?».
Desde el fondo de la habitación, Michael respondió: «Joelle, lo siento. Wade escapó y sus hombres están todos muertos».
Allie se acercó, con el rostro ensombrecido por la culpa. «Lo siento mucho, Joelle. Debería haberme dado cuenta antes…»
Rafael le dio unas palmaditas en el hombro, y ella bajó la cabeza profundamente, sin decir nada más.
Katherine añadió: «No te desanimes, Joelle. Ryland se pondrá bien». En la habitación se oían muchas voces, que intentaban atravesar el velo de su abatimiento, pero Joelle permanecía inmóvil, con una reacción muda, como si estuviera perdida entre la alegría y la desesperación.
Adrian le apretó suavemente la mano, intentando sacarla de su tristeza. «Intenta no pensar en estos problemas, Joelle. Recuerda que ahora más que nunca tienes que cuidarte: estás embarazada».
Joelle levantó la mirada, con la incredulidad grabada en sus rasgos. «¿Embarazada? ¿De verdad?»
Adrian asintió con la cabeza, y una pequeña sonrisa se abrió paso entre su preocupación mientras le entregaba un documento. «Sí, hace cuatro semanas. Aquí tienes el informe del examen».
Aunque el momento no era ni mucho menos el ideal, quizá esta noticia pudiera ofrecerle un breve respiro de su dolor.
Joelle miró el informe que tenía entre las manos, cuyas palabras confirmaban su embarazo de cuatro semanas. Esta vez, la concepción había sido silenciosa, sin las señales perceptibles que habían acompañado a la primera.
Shawn extendió la mano y la apoyó suavemente en la cabeza de Joelle. «Es algo bueno, Joelle. Adrian y tú vais a dar la bienvenida a vuestro segundo hijo».
Sus emociones eran una maraña que no podía desenredar. La felicidad y la tristeza se confundían en tonos indistintos. Se volvió hacia Adrian, con los ojos llenos de lágrimas no derramadas y un torrente de palabras no dichas que se agolpaban tras su mirada. Adrian no necesitaba sus palabras para comprender su confusión.
Joelle debía de sentir que acoger a ese niño ahora sería injusto para Ryland.
No se trataba de culpar a esta nueva vida inocente, sino de sentirse inadecuada, de cuestionarse su valía como madre.
Adrian la estrechó entre sus brazos y le transmitió su calidez mientras le acariciaba la espalda. «No pasa nada. Es la bendición de Ryland para nosotros. Estará encantado de tener un hermano».
Sucumbiendo a sus abrumadoras emociones, Joelle dejó que las lágrimas fluyeran.
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